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29 de noviembre, 2021 Complementos alimenticios comentarios Bookmark and Share
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Cristina Merinero, farmacéutica y cofundadora de inMe Lab, nos habla sobre la vitamina D, la cual, según la especialista, debería considerarse como una hormona, no sirve solo para los huesos y su déficit produce cansancio.

 “Tradicionalmente asociamos la vitamina D a la salud de los huesos, pero unas uñas quebradizas también pueden ser un indicio de que la tenemos en niveles bajos de calcio. Y para sintetizar correctamente el calcio, necesitamos vitamina D”, explica Cristina Merinero.

Pero es esta es solo una de sus funciones. “Durante la COVID se habló mucho de su importante papel en el funcionamiento normal del sistema inmunológico. Sin embargo, mucha gente desconoce que también interviene en la contracción muscular, por eso si hay déficit nos notaremos con cansancio, cualquier esfuerzo nos va a fatigar un montón”, declara Cristina.

Además, apunta Merinero, “en condiciones normales el 90% deberíamos sintetizarlo mediante el sol, dejando solo un 10% a la que nos llega a través de los alimentos. El hecho de que podamos sintetizarla y que actúe en puntos del organismo muy distintos a donde se fabrica desmiente que sea una vitamina al uso. Deberíamos empezar a considerarla como una hormona”.

Precisamente al ser una hormona y depender en su práctica totalidad de que nuestro cuerpo la sintetice, su presencia en el organismo se ve gravemente afectada por el envejecimiento biológico. La cofundadora de inMe Lab hace hincapié en que “en torno a los 50 años empezamos a ver cómo nuestra capacidad de fabricar esta hormona D va decayendo de forma gradual, incluso bebiendo mucha leche y exponiéndonos al sol. Es una de las razones por las que a medida que envejecemos las lesiones óseas son más frecuentes y tardan más en curar”. Para evitarlo sugiere tomar a diario un complemento de vitamina D por vía oral.

Muchas personas encuentran que algunas cápsulas son demasiado grandes y difíciles de tragar. Los granulados, por su parte, van condicionados por un sabor que puede no ser del agrado de todos. “Cuando diseñamos Vitamin D3 queríamos que tuviera la máxima concentración posible - 4.000 UI – pero que fuera muy fácil de tragar. Tras muchos ensayos logramos unas cápsulas muy pequeñas, recubiertas de una gelatina de aceite de girasol, que facilitan la deglución a la vez que aseguran la máxima biodisponibilidad”, señala Cristina. La Vitamina D3 de inMe Lab se distribuye en cajas con 120 cápsulas de 291 gramos cada una.

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