21 de mayo, 2026
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El cortisol se ha convertido en uno de los términos de moda en conversaciones sobre bienestar, con una mala fama muchas veces injustificada en redes sociales. Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris, explica qué funciones cumple realmente esta hormona y qué hábitos pueden alterar su equilibrio.

Vivimos hiperestimulados, dormimos peor y cada vez hablamos más de estrés. En este contexto, el cortisol ha ido ganando mala fama en los últimos tiempos y términos como “cara de cortisol” u “hormona del estrés” se han instalado en redes sociales y conversaciones sobre bienestar como si fueran la explicación definitiva a muchos malestares cotidianos. Sin embargo, los expertos advierten de que esta tendencia simplifica en exceso qué es el cortisol y cuál es el impacto que tiene en nuestro organismo.

Lejos de ser una hormona enemiga, “el cortisol es importantísimo para muchas funciones del organismo y es saludable que sus niveles oscilen de forma fisiológica a lo largo del día”, explica Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris. “El cortisol influye en aspectos clave como la energía, el metabolismo, el sistema inmunológico o el descanso, y también ayuda al cuerpo a responder ante momentos de estrés o exigencia”.

El problema no reside en que el cortisol aumente de forma puntual, sino en vivir constantemente en un estado de alerta sin dar al cuerpo espacio suficiente para recuperarse. La falta de descanso, el exceso de estímulos, la dificultad para desconectar o el sedentarismo son algunos de los hábitos cotidianos que pueden acabar pasando factura tanto física como mentalmente. Por esto, la experta de PromoFarma insiste en la importancia de desmontar algunas de las creencias más extendidas sobre el cortisol y su impacto en la salud.

5 mitos sobre el cortisol explicados por Mar Santamaria:

1. “Cuanto más bajo tengas el cortisol, mejor”

En ocasiones, las redes sociales han extendido la idea de que mantener el cortisol lo más bajo posible es sinónimo de bienestar. Sin embargo, la realidad es que mantener unos niveles excesivamente bajos de manera sostenida tendría un impacto negativo que afectaría a nuestros niveles de energía, nuestra capacidad de activación o la respuesta del organismo ante situaciones de exigencia.

Por eso, en vez de obsesionarnos con reducir al mínimo el cortisol y seguir indicaciones no profesionales, lo recomendable es centrarnos en favorecer un equilibrio saludable y tener una respuesta flexible al estrés cotidiano.

2. “El aumento de peso es culpa del cortisol”

Sufrir un estrés crónico con el consiguiente exceso sostenido de cortisol pueden alterar nuestro metabolismo y favorecer la acumulación de grasa, especialmente en la zona abdominal. No obstante, reducir la culpabilidad de este fenómeno al propio cortisol es una visión poco acertada sobre cómo funciona el cuerpo y que no representa fielmente la complejidad del problema.

El metabolismo no responde a un único factor aislado, sino que hay hábitos como dormir mal, comer peor o vivir constantemente acelerados que también afectan al equilibrio del organismo.

3. “Hacer ejercicio eleva el cortisol y es contraproducente”

Si bien es cierto que el ejercicio produce una elevación puntual del cortisol, esto forma parte de una respuesta natural de nuestro cuerpo y no tiene consecuencias negativas. De hecho, la práctica regular de actividad física está considerada una de las herramientas más eficaces para mejorar la gestión del estrés y favorecer el equilibrio hormonal.

Tanto el ejercicio aeróbico como el entrenamiento de fuerza ayudan a regular mejor la respuesta del cuerpo frente al estrés continuo y contribuyen a nuestro bienestar físico y mental. No obstante, más allá del ejercicio también resulta importante cuidar el descanso, ya que la falta de sueño impacta directamente sobre el estado de ánimo, el metabolismo y las hormonas relacionadas con el estrés.

4. “Existen soluciones milagro para bajar el cortisol”

Dietas extremas, suplementos virales o rutinas no supervisadas prometen reducir el cortisol rápidamente, pero Santamaría insiste en la importancia de abordar el bienestar hormonal desde una visión más global y con criterio profesional.

La salud es mucho más compleja que el efecto de una sola hormona”, señala la experta. Dormir bien, mantener hábitos estables, hacer ejercicio o introducir pequeñas pausas de desconexión durante el día sigue siendo mucho más relevante que buscar fórmulas milagro que no consiguen resultados fiables.

Como alternativa, técnicas de respiración, estiramientos suaves o prácticas como el yoga o el mindfulness sí pueden ayudarnos a gestionar mejor el estrés sostenido. En algunos casos, determinados adaptógenos como la ashwagandha o la rhodiola pueden utilizarse como complemento dentro de un abordaje integral y siempre bajo supervisión profesional.

5. “La cara de cortisol es un diagnóstico real”

En TikTok y otras redes sociales se ha popularizado la idea de que la hinchazón o determinados cambios en el rostro son consecuencia directa de tener niveles elevados de cortisol. Sin embargo, no existe un único rasgo físico capaz de confirmar un desequilibrio hormonal.

De nuevo, la falta de descanso, el estrés mantenido, la alimentación, la genética o el propio envejecimiento también pueden influir en el aspecto del rostro y de la piel. En este sentido, los especialistas recomiendan evitar los autodiagnósticos y acudir siempre a profesionales ante cualquier duda relacionada con la salud hormonal.

Frente a las tendencias virales y las soluciones rápidas, los especialistas insisten en que el objetivo no es un “enemigo” ni la solución pasa por eliminarlo, sino que tenemos que ayudar al cuerpo a recuperar su capacidad natural de alternar momentos de activación y descanso de forma saludable. Y es que, aunque no siempre es posible reducir el estrés del día a día, sí podemos incidir en aquellos hábitos que ayudan a nuestro organismo a regular mejor la respuesta hormonal y favorecer nuestro bienestar.

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