por Dra. Yolanda Fernández Perea 3 de marzo, 2026
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Artículo de la  Dra. Yolanda Fernández Perea, ginecóloga de Ginemed Sevilla.

El déficit de vitamina D se ha convertido en una paradoja silenciosa de la vida moderna: nunca habíamos tenido tanto acceso a la información sobre salud y, sin embargo, cada vez más personas presentan niveles insuficientes de esta vitamina esencial. En países soleados y en regiones con inviernos largos, en jóvenes y en adultos, la carencia de vitamina D es más común de lo que imaginamos.

Un problema subestimado

La vitamina D no es solo “la vitamina del sol”. Es una hormona con funciones clave en el organismo. Interviene en la absorción del calcio, en la salud ósea, en el funcionamiento del sistema inmunitario y en múltiples procesos celulares.

Diversos estudios y organismos como la Organización Mundial de la Salud han alertado sobre la alta prevalencia de hipovitaminosis D a nivel mundial. El estilo de vida actual —más tiempo en interiores, uso constante de protector solar, sedentarismo y dietas pobres en alimentos ricos en vitamina D— ha contribuido a este fenómeno.

Consecuencias para la salud general

El impacto del déficit de vitamina D va más allá del clásico riesgo de osteoporosis. Entre sus consecuencias más relevantes se encuentran:

  • Problemas óseos: aumento del riesgo de osteopenia, osteoporosis y fracturas.
  • Debilidad muscular: mayor propensión a caídas, especialmente en personas mayores.
  • Alteraciones inmunológicas: mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias y posiblemente a enfermedades autoinmunes.
  • Fatiga persistente y bajo estado de ánimo: aunque no siempre se reconoce, niveles bajos pueden asociarse a cansancio crónico y síntomas depresivos leves.

No se trata de alarmismo, sino de entender que una carencia mantenida en el tiempo puede afectar múltiples sistemas del cuerpo.

¿Puede influir en la fertilidad femenina?

En los últimos años, la ciencia ha comenzado a explorar la relación entre vitamina D y fertilidad. La presencia de receptores de vitamina D en los ovarios y el endometrio sugiere que esta hormona desempeña un papel en la función reproductiva.

Algunas investigaciones apuntan a que niveles adecuados podrían:

  • Favorecer una mejor calidad ovocitaria.
  • Contribuir a una adecuada implantación embrionaria.
  • Asociarse con mejores resultados en técnicas de reproducción asistida.

Aunque no puede afirmarse que el déficit de vitamina D sea una causa directa de infertilidad, sí parece actuar como un factor modulador. En mujeres con síndrome de ovario poliquístico, por ejemplo, niveles bajos se han vinculado con alteraciones metabólicas y hormonales más marcadas.

Lo prudente no es sobredimensionar su papel, pero tampoco ignorarlo: en un contexto de búsqueda de embarazo, evaluar y corregir posibles déficits forma parte de un enfoque integral de la salud reproductiva.

¿Por qué hay tanto déficit si hay sol?

La respuesta es sencilla: tener sol no es lo mismo que exponerse adecuadamente al sol. Pasamos la mayor parte del día en interiores y, cuando salimos, solemos cubrir la piel o usar protección solar (necesaria para prevenir el cáncer cutáneo).

Además, pocos alimentos contienen vitamina D de forma natural. Destacan los pescados grasos (salmón, sardina, caballa), la yema de huevo y algunos lácteos o bebidas vegetales fortificadas.

Recomendaciones prácticas

Corregir un déficit de vitamina D no suele ser complicado, pero sí requiere conciencia y, en muchos casos, asesoramiento profesional.

  • Exposición solar responsable:Exponer brazos y piernas al sol durante 10–20 minutos al día (según el tipo de piel y la latitud), evitando las horas de máxima radiación, puede ser suficiente en muchos casos.
  • Mejorar la alimentación: Incluir pescado azul 2–3 veces por semana, huevos y alimentos fortificados puede ayudar a mantener niveles adecuados.
  • Analítica y seguimiento médico: Ante síntomas compatibles, embarazo, búsqueda de gestación o factores de riesgo (obesidad, piel oscura, poca exposición solar), conviene solicitar una determinación de 25(OH) vitamina D en sangre.
  • Suplementación cuando esté indicada: No todos necesitan suplementos, pero cuando existe déficit confirmado, el médico puede pautar dosis seguras y personalizadas. La automedicación con dosis altas no es recomendable.

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