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El uso de recipientes de plástico en el microondas puede liberar cientos de miles de micro y nanoplásticos en cuestión de minutos y el calor aumenta drásticamente la contaminación química. El informe señala que la producción de plásticos se dispara y los riesgos para la salud aumentan. Greenpeace insta a los gobiernos a actuar siguiendo el principio de precaución.
Calentar en el microondas o el horno platos preparados y comida precocinada para llevar envasada en plástico puede liberar cientos de miles de partículas de micro y nanoplásticos, junto con un cóctel de sustancias químicas tóxicas, directamente en los alimentos. Así lo explica Greenpeace en el informe, Alerta: Microplásticos en la comida precocinada, donde ha revisado 24 estudios científicos recientes y concluye que los alimentos de envasados y comercializados como "aptos para calentar" están, de hecho, exponiendo potencialmente a millones de personas a contaminantes invisibles cada día. Sustancias químicas tóxicas vinculadas al cáncer, la infertilidad, la alteración hormonal y enfermedades metabólicas.
"Las personas consumidoras creen que están tomando una decisión inofensiva cuando compran y calientan una comida envasada en plástico. En realidad, estamos siendo expuestos a un cóctel de microplásticos y sustancias químicas peligrosas que nunca deberían estar en nuestra comida ni cerca de ella”, ha declarado Julio Barea, responsable de residuos de Greenpeace. “Los gobiernos han permitido que las industrias petroquímica y del plástico conviertan nuestras cocinas en laboratorios de ensayo. Este informe demuestra que las afirmaciones corporativas de ´apto para microondas´ no son más que fantasías", ha añadido.
Los hallazgos clave son:
Los platos preparados envasados en plástico son uno de los segmentos de mayor crecimiento del sistema alimentario mundial, con un valor de casi 190.000 millones de dólares y un aumento pronunciado debido a que los hogares dependen más de la comida de conveniencia, según una investigación realizada por Towards FnB. En 2024, la producción de platos preparados alcanzó un volumen mundial de 71 millones de toneladas (una media de 12,6 kg por persona). Según un estudio de mercado publicado por Statista, también se espera que aumenten el coste de estos platos y los ingresos por cápita. El análisis de la Agencia Internacional de la Energía mostró, además, que los envases de plástico representan alrededor del 36% de todos los plásticos, con una previsión de que la producción mundial de plástico se duplique con creces para 2050 respecto a los niveles actuales.
En España, la cultura del "abrir y calentar" ha dejado de ser una excepción para convertirse en norma. El consumo de platos preparados ha crecido un 3,8% en el último año, según el balance de 2025 de ASEFAPRE (Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados), impulsado por una preocupante falta de tiempo y espacio en los nuevos modelos de hogar. Esta tendencia hacia la comodidad a toda costa tiene un protagonista claro en la gran distribución. Un ejemplo son los supermercados Mercadona, cuya oferta de platos listos para comer representa el 20% de este mercado en España y se posiciona ya como líder en nuestro país, por delante de sectores históricos como los bares y cafeterías. Este cambio drástico en la dieta nacional alimenta una crisis de envases sin precedentes. Recordemos que en España y según los datos de Plastic Europe (1 y 2), el 40% de todo el plástico transformado se utiliza para fabricar envases, siendo con diferencia, el sector con mayor consumo de este material.
Los organismos reguladores y estados es insuficiente. Existe una orientación regulatoria insuficiente en todo el mundo sobre los microplásticos liberados por los envases alimentarios, y etiquetas como "apto para microondas" o "apto para horno" proporcionan lo que el informe denomina una falsa tranquilidad a los consumidores.
El informe advierte de que la crisis de los plásticos está siguiendo el mismo patrón observado con el tabaco, el amianto y el plomo. A pesar de las abrumadoras señales de advertencia científica, el problema se ha topado con la negación de la industria y el retraso regulatorio.
Solo en los EE.UU., se estima que el coste social del plástico a lo largo de su ciclo de vida asciende a 1,1 billones de dólares anuales, según un informe de la Universidad de Duke.
Mientras los gobiernos negocian el Tratado Global de la ONU sobre los Plásticos, Greenpeace insta a las partes negociadoras a actuar siguiendo el principio de precaución y a poner fin a esta contaminación química y plástica descontrolada y no regulada que amenaza la salud humana.
"Nos están envenenando mientras intentamos alimentar a nuestras familias. El riesgo es evidente, hay mucho en juego y el momento de actuar es ahora. No podemos confiar en las promesas engañosas de las empresas y lobbies del plástico”, ha declarado Julio Barea, portavoz de Greenpeace. “Los gobiernos deben actuar ya, mediante un Tratado Global sobre los Plásticos ambicioso que proteja la salud humana y reduzca la producción de plástico en origen", concluye.