13 de mayo, 2026
< Volver

Según un estudio de Anefp, el autocuidado se ha convertido en un pilar fundamental del bienestar y para un 77,6% de los españoles es “muy importante” para la salud. En un contexto en el que el wellness se ha convertido en tendencia y casi en una exigencia social, cada vez más expertos advierten de una paradoja creciente: cuidarse puede estar generando más presión que beneficio.

El bienestar se define como un estado general de equilibrio y satisfacción en la vida, abarcando aspectos como la salud física y mental, las relaciones sociales, el descanso, el trabajo o el propósito vital. El autocuidado, por su parte, constituye el conjunto de acciones específicas que una persona lleva a cabo para mantener o mejorar dicho bienestar, siendo una de sus herramientas esenciales. De hecho, un estudio reciente de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (Anefp) indica que el 77,6% de los españoles lo considera un pilar fundamental. Sin embargo, este auge genera dudas sobre los efectos negativos que pueden surgir cuando el autocuidado se transforma en una obligación y la autoexigencia desvirtúa su propósito inicial.

De tendencia a presión: la “burbuja del bienestar”

Este fenómeno se enmarca en lo que ya algunos expertos y medios denominan la “burbuja del bienestar”, donde la exposición constante a rutinas ideales, tendencias virales y promesas de mejora ha llevado a normalizar prácticas que parecen imprescindibles, desde levantarse a las 5 de la mañana hasta las duchas frías o el consumo de suplementos.

Para Joan Bertrán, docente de varios cursos de salud y bienestar en Deusto Salud, “estamos en un momento donde el bienestar se ha convertido en una industria y también en una identidad. Hay un exceso de información, de tendencias y de promesas, y eso genera una sensación constante de que si no haces ciertas cosas, te estás quedando atrás”. Desde su punto de vista el problema no es que haya más conocimiento, sino que muchas veces se presenta como imprescindible lo que en realidad es opcional. Y eso crea una ilusión de vida perfecta que no es representativa de la mayoría.

Esta deriva ha llegado incluso a extremos en los que se multiplican productos y soluciones para cualquier aspecto del equilibrio integral, reflejando cómo el autocuidado se ha convertido también en un nicho de consumo. A ello se suma la confusión entre ciencia y moda en determinadas prácticas. “Hay una mezcla de ambas cosas, pero el problema es el contexto. Por ejemplo, levantarse a las 5 puede funcionar bien para algunas personas, pero no tiene ningún beneficio intrínseco si no duermes lo suficiente. La ciencia aquí es clara: el descanso es clave, no la hora a la que te levantas. Las duchas frías pueden tener algún efecto puntual, como activarte, pero no son un pilar de salud. Y con los suplementos pasa algo parecido: tienen sentido si hay una necesidad concreta, pero en muchos casos se utilizan como atajo. Muchas de estas prácticas pueden sumar, pero no son soluciones mágicas en sí mismas”, explica Bertrán.

En este contexto, uno de los principales riesgos del auge del autocuidado es que termine convirtiéndose en una lista de obligaciones que genera el efecto contrario al deseado. “En muchos casos acaba generando estrés, culpa y sensación de no estar haciendo suficiente. El bienestar debería ser algo que te alivie, no que te exija más”, señala el docente.

Simplificar frente a la sobrecarga: Hábitos básicos que sí funcionan

Desde Deusto Salud, escuela especializada en formación en salud y bienestar, se defiende precisamente un enfoque alternativo basado en el concepto de bienestar real, entendido como un modelo sostenible alejado de la perfección idealizada que predomina en redes sociales. En palabras del experto, “cuando hablamos de bienestar para personas reales nos referimos a un bienestar adaptado a la vida que tenemos actualmente, no a la que nos gustaría tener. No es una rutina ideal, ni una versión optimizada de uno mismo. Es algo mucho más sencillo: tener unos pocos hábitos y recursos que te sostienen incluso cuando el día se complica. El problema es que hemos asociado bienestar con hacerlo todo bien y eso lo vuelve inaccesible. Para mí, el bienestar real es poder cuidarte sin que eso se convierta en otra fuente de presión”.

Para Bertrán, el principal error actual es “convertir el bienestar en otra forma de rendimiento. Es decir, medirlo, optimizarlo y analizarlo constantemente”. En la misma línea, añade que “algunas equivocaciones habituales son copiar rutinas que no encajan en las que lleva uno mismo o abandonar cuando no puedes hacerlo perfecto. Pero el error de fondo es creer que cuidarse consiste en hacer más cosas, cuando muchas veces consiste en quitar presión y sostener lo básico”.

Frente a este escenario de sobrecarga informativa y expectativas, desde Deusto Salud se proponen tres áreas básicas: el cuerpo, con descanso, movimiento y alimentación; la mente, reduciendo ruido y autoexigencia; y la parte emocional, con espacios de descarga. No se trata de hacerlo todo, sino de mantener lo importante. Ser estricto con lo fundamental y flexible con lo secundario”, concluye.

Por eso, los hábitos con mayor impacto en la salud siguen siendo también los más simples: dormir suficiente, mantenerse activo, cuidar la alimentación, exponerse a la luz natural, reducir el uso excesivo de pantallas, mantener relaciones sociales, reducir la autoexigencia y realizar pequeñas pausas durante el día. Muchos de ellos pueden integrarse fácilmente en la rutina diaria sin grandes cambios. Porque muchas veces solo se trata de integrarlo en lo que ya haces. Por ejemplo, caminar mientras hablas por teléfono, hacer pausas de un minuto en lugar de intentar meditar 20 o, simplemente, mejorar una comida al día en lugar de cambiar toda la dieta. El cambio real no viene de grandes esfuerzos, sino de pequeñas acciones repetidas de forma regular.

En un momento en el que el bienestar parece haberse convertido en una meta exigente, el reto no es hacer más, sino volver a lo esencial y aprender a cuidarse sin presión.

Noticias relacionadas

comments powered by Disqus

Utilizamos cookies propias y de terceros para analizar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de sus hábitos de navegación (por ejemplo, páginas visitadas o videos vistos). Puedes obtener más información y configurar sus preferencias.

Configurar cookies

Por favor, activa las que quieras aceptar y desactiva de las siguientes las que quieras rechazar. Puedes activar/desactivar todas a la vez clicando en Aceptar/Rechazar todas las cookies.

Aceptar/rechazar todas
Cookies Analíticas

Cookies que guardan información no personal para registrar información estadística sobre las visitas realizadas a la web.

Cookies de Marketing

Cookies necesarias para determinadas acciones de marketing, incluyendo visualización de vídeos provenientes de plataformas como Youtube, Vimeo, etc. y publicidad de terceros.

Cookies de Redes Sociales

Cookies relacionadas con mostrar información provenientes de redes sociales o para compartir contenidos de la web en redes sociales.