por NutraSalud 17 de marzo, 2026
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La Dra. Belén Alfonso Bartolozzi, oftalmóloga del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, nos explica en esta entrevista de NutraSalud la relación entre la alimentación y salud ocular.

¿Qué relación existe entre la alimentación y la salud ocular en general?

- La salud de nuestros ojos y lo que comemos guardan una relación estrecha, ya que la alimentación aporta nutrientes esenciales que protegen estructuras oculares como la retina, la mácula y el nervio óptico. Además, muchas de ellas ayudan a combatir el estrés oxidativo y favorecen una buena circulación sanguínea en los ojos. Al igual que ocurre con otros órganos del cuerpo, una dieta inadecuada puede afectar la vista y aumentar el riesgo de desarrollar o empeorar problemas visuales. La falta de vitaminas y minerales clave debilita los tejidos oculares y puede contribuir a afecciones como la miopía, la degeneración macular, el ojo seco o incluso el glaucoma. Por eso, mantener una alimentación equilibrada y variada no solo beneficia la salud general, sino que también es un factor fundamental para conservar una visión estable y reducir complicaciones a largo plazo.

-  ¿Cuáles diría que son los alimentos estrella y qué es lo que aportan en cada caso?

- Entre los alimentos más beneficiosos destacan las verduras de hoja verde oscura (como espinacas o brócoli), ricas en luteína y zeaxantina, antioxidantes que ayudan a reducir el riesgo de degeneración macular y cataratas al neutralizar el daño oxidativo y filtrar la luz intensa. Las frutas como naranjas, fresas o papaya aportan vitamina C, un antioxidante que protege los vasos sanguíneos oculares y también se ha relacionado con un menor riesgo de cataratas y progresión de degeneración macular.

También está la vitamina E, presente en nueces, semillas y aceites vegetales, que protege las células oculares al combatir los radicales libres que dañan el tejido sano. Los ácidos grasos omega-3, especialmente de pescados grasos como salmón, atún o sardinas, son importantes para la función de la retina y ayudan a mantener la producción de lágrimas y reducir la inflamación. Por último, el zinc, que se encuentra en carnes, mariscos, nueces y semillas, desempeña un papel esencial en el transporte de vitamina A al ojo para producir melanina, un pigmento protector, y su deficiencia se ha relacionado con problemas como la mala visión nocturna.

¿Cambia las necesidades a nivel de alimentación con los años? En el tipo de alimentos, las cantidades, etc.

 - Sí, con la edad los ojos se vuelven más sensibles al estrés oxidativo y aumentan los riesgos de enfermedades como degeneración macular, cataratas y glaucoma. Por ello, es recomendable incrementar el consumo de antioxidantes, carotenoides y grasas saludables, priorizar alimentos frescos y naturales frente a ultraprocesados, y mantener una ingesta constante de nutrientes que protejan la retina y la mácula, adaptando cantidades y frecuencia según las necesidades personales y el estado general de salud.

¿Existen alimentos que consumidos pueden servir en ciertas patologías? ¿Cuáles son?

 - Alimentos ricos en vitamina A (como zanahorias, tomates o albaricoques) aportan beta‑caroteno que el cuerpo transforma en vitamina A, ayudan a prevenir problemas como la ceguera nocturna y cataratas por su papel en los fotorreceptores. La vitamina C, abundante en cítricos, está asociada con un menor riesgo de cambios degenerativos y cataratas, mientras que la vitamina E, presente en verduras verdes y semillas de girasol o lino, protege las células del ojo frente al estrés oxidativo, factor implicado en varias patologías retinianas.

Las vitaminas del grupo B, que se encuentran en cereales integrales y frutos secos, también se han vinculado a la salud del nervio óptico y la mácula, siendo importantes en la prevención de la degeneración de estas estructuras. Estos nutrientes no sustituyen tratamientos médicos específicos, pero su consumo como parte de una dieta equilibrada puede apoyar ciertas funciones oculares.

Y del otro lado, ¿hay alguno que deberíamos eliminar de la dieta por ser perjudicial?

 - Sí, se recomienda evitar los alimentos ultraprocesados, en especial los carbohidratos refinados elaborados con harina blanca, azúcar y arroz blanco, ya que al perder fibra y micronutrientes se absorben rápidamente, generan picos de glucosa y favorecen la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2, condiciones que pueden dañar los vasos sanguíneos de la retina. También es importante limitar las grasas trans presentes en snacks y productos precocinados, porque alteran el perfil de colesterol, aumentan la inflamación y elevan el riesgo cardiovascular, afectando indirectamente la salud ocular. El consumo frecuente de carnes rojas y procesadas, como embutidos, tocino o salchichas, se ha asociado con un mayor deterioro de la mácula, zona clave para la visión central. Asimismo, el exceso de azúcares refinados y alcohol puede impactar negativamente el nervio óptico. Por otro lado, en personas con glaucoma, una ingesta elevada de sal o cafeína podría contribuir a variaciones en la presión intraocular y aumentar el riesgo de complicaciones.

¿Hay algún falso mito o creencia en torno a esta relación de alimentación y salud ocular? ¿Puede citarnos alguno?

- Hay muchas creencias que no están respaldadas por evidencia científica. Un ejemplo de los más comunes es que comer muchas zanahorias mejora la visión más allá de lo normal o da “supervisión”. Aunque las zanahorias contienen beta‑caroteno, que el cuerpo convierte en vitamina A y es esencial para la salud visual, consumirlas en exceso no corrige errores refractivos como la miopía.

Otro mito frecuente es pensar que, si no se tienen problemas de visión en el momento, la alimentación no influye en la salud ocular a largo plazo, como si los buenos hábitos solo fueran relevantes cuando ya hay síntomas evidentes. Sin embargo, muchas enfermedades oculares como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), se desarrollan de forma silenciosa y progresiva, y una dieta desequilibrada a lo largo de los años puede aumentar el riesgo de estas patologías, mientras que patrones alimentarios saludables pueden ayudar a reducir ese riesgo antes de que aparezcan signos.

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