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Los péptidos, compuestos naturales formados por aminoácidos y presentes en funciones clave del organismo, han ganado protagonismo en el ámbito del “wellness” y la medicina estética, impulsados por beneficios a menudo sobreestimados. Este auge está favoreciendo su uso fuera del entorno clínico y sin supervisión profesional, lo que preocupa a los expertos, que advierten de posibles riesgos para la salud como infecciones, alteraciones hormonales o enfermedades autoinmunes.
En un contexto en el que la inmediatez se ha instalado también en el ámbito del bienestar, cada vez más personas buscan soluciones que prometen resultados rápidos, visibles y con poco esfuerzo. Una tendencia que está redefiniendo tanto los hábitos de cuidado personal como el tipo de productos y tratamientos que despiertan mayor interés. Y en este escenario, los péptidos han ganado protagonismo como uno de los fenómenos emergentes en salud y estética. Se trata de estructuras formadas por cadenas cortas de aminoácidos que el propio organismo produce de forma natural, pero cuyo uso se ha popularizado a través de versiones sintéticas diseñadas para imitar su acción en el cuerpo. Su creciente demanda está impulsada por promesas como la pérdida acelerada de grasa, la mejora de la calidad de la piel o el rejuvenecimiento celular.
Sin embargo, la evidencia científica aún es escasa, y solo contempla una pequeña parte de los productos que hoy en día se están utilizando. Y este auge está favoreciendo que, en algunos casos, su utilización se esté extendiendo fuera del entorno clínico o sin la debida supervisión profesional. Una tendencia que se enmarca en un contexto más amplio en el que el uso de productos vinculados al cuidado personal y la estética está aumentando, lo que refuerza la importancia de un uso informado y prudente. De hecho, según el último Informe Anual sobre Cosmetovigilancia de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), las notificaciones por efectos adversos relacionados con productos cosméticos crecieron un 30% en 2025 respecto al año anterior, y tres de cada diez correspondieron a reacciones graves.
En paralelo, el interés por soluciones rápidas para el control del peso también ha impulsado el auge de los análogos del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), medicamentos indicados en el ámbito clínico para el tratamiento de la diabetes y la obesidad. Este fenómeno se produce en un escenario en el que, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, el 39,8% de la población española presenta sobrepeso y el 15,2% obesidad, mientras que más de la mitad de los españoles afirma tener como objetivo perder peso, de acuerdo con el Cigna Healthcare International Health Study.
“En un momento en el que se habla cada vez más de nuevos tratamientos para el bienestar, conviene recordar que el organismo ya produce estos péptidos de forma natural, y que, en muchos casos, ni su uso ni sus indicaciones cuentan todavía con evidencia suficiente. Además, es importante destacar que, al no estar regulados, no podemos garantizar ni su concentración ni su contenido. Por todo esto, debemos tener más presente que, más allá de estas soluciones, el bienestar sigue apoyándose sobre todo en lo cotidiano: la alimentación, la actividad física, el movimiento diario, el evitar los tóxicos, las relaciones personales significativas y el descanso. Hábitos que, mantenidos en el tiempo, son los que realmente sostienen la salud”, señala la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E Health Medical Manager de Cigna Healthcare España.
Bajo esta premisa, los expertos de Cigna Healthcare advierten que el uso de este tipo de compuestos puede asociarse a distintos tipos de riesgos para la salud, especialmente cuando no existe un seguimiento médico adecuado: