27 de abril, 2026
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Un artículo liderado por UIC Barcelona ha analizado el debate público en torno al uso del Ozempic, que “reconfigura” el estigma del sobrepeso y reproduce un discurso “moralizador”. El análisis recoge los comentarios de usuarios en tres medios generalistas en España y concluye que existe “gordofobia” en parte del discurso de la población.

Un estudio liderado por la profesora Lara Martín Vicario de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC Barcelona) y de la profesora Maria Castellví Lloveras de la Facultad de Comunicación de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) asegura que la creciente normalización en el uso de los medicamentos GLP-1 como Ozempic refuerza los marcos dominantes de rechazo al sobrepeso, a partir de un análisis de comentarios de los usuarios en la prensa digital generalista española.

Según las autoras, la generación de medicamentos que actúan sobre la hormona GLP-1 como Ozempic emergen no simplemente como tratamientos médicos, sino como “tecnologías morales mediante las cuales se evalúan y juzgan la responsabilidad, el esfuerzo y la legitimidad moral”. Estas conclusiones nacen de un análisis de 648 comentarios de usuarios en nueve artículos de El Mundo, ocho artículos de El País y doce artículos de elDiario.es.

Las expertas en comunicación han definido el debate como “una oscilación entre marcos morales de responsabilidad individual y marcos medicalizados del sobrepeso como una condición crónica que requiere un manejo continuo”. Comentarios como “menos comidas y más zapatillas” o “menos pastillas y más cintas de corrermoralizan la pérdida de peso, según las investigadoras. “Estos discursos asocian el exceso de peso con falta de ética”, apuntan.

Lara Martín Vicario, profesora en UIC Barcelona, afirma que existe un discurso público en España estructuralmente gordofóbico: “Los GLP-1 reflejan un deseo de delgadez que nunca llegó a desaparecer, pero con una condición: debe ser una delgadez merecida, lograda con esfuerzo y sacrificio”, razona.

El análisis también subraya que la intervención farmacológica se entiende como una forma de “hacer trampa”. Lara Martín Vicario incide en este estigma: “Incluso si perdieras peso y dejaras de estar gordo, continuaría estando mal porque no lo has hecho de manera correcta”, añade.

Para las autoras, el estudio demuestra que en el debate públicono hay espacio para discursos alternativos que aboguen por la aceptación del sobrepeso”. “La falta de discurso de la aceptación del exceso de peso es notable y disminuye la posibilidad de concebir un mundo en el que eso no sea un problema que deba ser tratado”, afirman.

Buenos y malos usuarios

El análisis hace una clara distinción entre los “buenos y malos usuarios”. Los buenos son aquellas personas que por su condición de salud necesitan Ozempic y la sociedad aceptapor sus esfuerzos para perder peso”. “Refuerza el imaginario del sobrepeso como un estado que no puede simplemente existir, sino que debe cambiar a toda costa”, apuntan las investigadoras. Es el concepto definido como “buen gordo”.

Los “malos usuarios” son aquellos que buscan una respuesta rápida sin esfuerzo ni sacrificio. “Dificultan el acceso a aquellos que realmente lo necesitan, ya que su finalidad es meramente estética”, según indican las autoras.

Otra de las conclusiones del artículo es que el debate sobre el tratamiento médico de los GLP-1 gira en torno a la reducción del peso, no del manejo de la diabetes tipo 2, para lo que fueron concebidos inicialmente.

Escepticismo hacia las empresas farmacéuticas

El artículo académico señala que los usuarios perciben rechazo hacia la industria farmacéutica, ya que la consideran una herramienta que actúa de “altavoz” para sus propios beneficios económicos. “Los usuarios no critican la marginación de los cuerpos gordos, sino la manipulación de los consumidores por parte de las farmacéuticas”, apuntan. “A nivel social, de manera general, existe un rechazo a los fármacos, ya que son una trampa para la gente que no sabe ni quiere cuidarse”, explica Martín Vicario.

Las expertas en comunicación destacan que los hallazgos del estudio “invitan a reflexionar sobre cómo los nuevos tratamientos farmacológicos no interactúan sólo en el campo biomédico, sino también en los sistemas culturales y morales que condicionan su recepción pública”. En el caso de los GLP-1, el discurso social continúa siendo “en torno a la reducción del peso como objetivo principal y no incorpora perspectivas que reconozcan la diversidad corporal, además de dificultar intervenciones alternativas en las que se incorpore la aceptación del cuerpo o la adopción de estilos de vida saludables”, concluyen.

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