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Según explica César Molina, especialista en endocrinología pediátrica de Hospiten Roca, más de un tercio de los escolares españoles presenta problemas de exceso de peso, una situación que sigue situando al país entre los de mayor prevalencia de obesidad infantil en Europa. El especialista apunta que el problema va mucho más allá de la alimentación y está estrechamente ligado a los cambios en el estilo de vida de los menores.
Uno de los aspectos que más preocupa a los expertos es el progresivo desplazamiento de la dieta mediterránea por patrones alimentarios basados en productos ultraprocesados. Desayunos ricos en azúcares añadidos, snacks de bajo valor nutricional y alimentos preparados han ganado protagonismo en la alimentación infantil, mientras que la ingesta de frutas y verduras continúa por debajo de las recomendaciones.
A esta realidad se suma el aumento del sedentarismo y del tiempo dedicado a dispositivos electrónicos. Diversas investigaciones relacionan el uso excesivo de pantallas, especialmente en las horas previas al descanso nocturno, con alteraciones en los ritmos circadianos y una peor calidad del sueño. La falta de descanso, a su vez, influye en mecanismos hormonales que regulan el apetito y la saciedad, favoreciendo una mayor predisposición a consumir alimentos de elevada densidad energética.
Los especialistas insisten en que la infancia representa una etapa clave para intervenir. Actuar de forma temprana sobre los hábitos familiares puede contribuir no solo a mejorar el peso corporal, sino también a reducir el riesgo futuro de patologías como diabetes tipo 2, hipertensión o enfermedades cardiovasculares.
Entre las recomendaciones más respaldadas por la comunidad científica destacan limitar el uso recreativo de pantallas, evitar dispositivos electrónicos antes de dormir, fomentar la actividad física diaria y recuperar patrones de alimentación inspirados en la dieta mediterránea. Asimismo, los expertos recuerdan que la obesidad infantil es una enfermedad multifactorial en la que intervienen factores biológicos, ambientales y sociales, por lo que requiere un abordaje integral y libre de estigmas.
Para los profesionales de la nutrición, el mensaje es claro: combatir la obesidad infantil no pasa únicamente por contar calorías, sino por crear entornos que favorezcan hábitos saludables desde las primeras etapas de la vida.