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Educación diabetológica, una adecuada adherencia al tratamiento y la monitorización continua de glucosa (MCG) pueden ayudar a prevenir más de 10.000 episodios de hipoglucemia al año1 en personas que viven con diabetes tipo 2 tratadas con insulina basal.
Abbott, de la mano de diferentes profesionales sanitarios, ha desarrollado una guía educativa dirigida a personas que viven con diabetes tipo 2 en tratamiento con insulina basal con el objetivo de mejorar el conocimiento sobre la condición, favorecer el autocuidado y acercar herramientas que permitan a los pacientes participar de forma más activa en el manejo de su patología.
La guía, titulada: “Conocimiento y autocuidado en el tratamiento de la Insulina Basal. Claves para un manejo informado de la diabetes tipo 2”, es un recurso divulgativo desarrollado con el aval de la Federación Española de Diabetes (FEDE) y la colaboración de profesionales sanitarios especializados en el abordaje de la diabetes. El documento nace con el objetivo de ofrecer información rigurosa, práctica y accesible que ayude a las personas que viven con diabetes tipo 2 tratadas con insulina basal a comprender mejor su condición, ganar confianza en el manejo del tratamiento y participar de forma más activa en las decisiones sobre su salud.
La diabetes tipo 2 afecta unos 4,6 millones de personas en España, aunque alrededor de un tercio desconoce que convive con la patología. A medida que avanza, el organismo pierde progresivamente capacidad para producir insulina, por lo que muchas personas necesitan adaptar su tratamiento e iniciar insulina basal para mantener un adecuado control glucémico. Este cambio, sin embargo, sigue estando rodeado de miedos, falsas creencias y barreras emocionales que pueden dificultar la adherencia terapéutica. “Aprender a interpretar los datos de glucosa, conocer cómo actúa la insulina basal, saber prevenir una hipoglucemia o entender la influencia de los hábitos de vida sobre el control glucémico permite mejorar la adherencia al tratamiento y aumentar la autonomía de los pacientes”, destaca José Luis Portero, director Médico de Abbott en España.
La nueva publicación reúne recomendaciones prácticas sobre el inicio de la insulinoterapia basal, la monitorización continua de glucosa, la educación terapéutica, la relación con los profesionales sanitarios y el apoyo del entorno.
En su elaboración han participado profesionales de Atención Primaria, enfermería y psicología especializados en diabetes, entre ellos el Dr. Francisco Javier Ortega Ríos, médico de Familia y miembro de la Fundación redGDPS; Esperanza Jiménez, enfermera educadora en diabetes y también miembro de la red GDPS; Iñaki Lorente, psicólogo experto en diabetes y coordinador de la Asociación Navarra de Diabetes (ANADI); y Juantxo Ramón, presidente de la FEDE, además del director médico de Abbott.
Entre las principales recomendaciones, los expertos recuerdan que el tratamiento de la diabetes no se limita a la medicación, sino que la educación terapéutica constituye un pilar fundamental porque ayuda a desarrollar conocimientos, habilidades prácticas y herramientas para afrontar el impacto emocional de la patología.
También insisten en que iniciar tratamiento con insulina basal no debe vivirse con sentimientos de culpa. La insulina basal reproduce la secreción continua de insulina que realiza el páncreas en personas sin diabetes, ayudando a mantener estables los niveles de glucosa entre comidas y durante la noche. Su incorporación responde a la evolución fisiológica de la condición y constituye una herramienta para prevenir complicaciones a largo plazo.
Junto al papel de los profesionales sanitarios, Abbott subraya la importancia del entorno familiar y del movimiento asociativo para favorecer que las personas tengan una mejor adaptación a la patología.
Las asociaciones de pacientes constituyen una fuente de apoyo basada en la experiencia compartida, proporcionando información práctica para la vida diaria, resolviendo dudas frecuentes y ofreciendo un espacio donde las personas pueden sentirse comprendidas y acompañadas. Este apoyo resulta especialmente valioso durante los primeros meses tras iniciar el tratamiento con insulina basal, cuando suelen aparecer incertidumbres relacionadas con el manejo de la condición.
Con esta iniciativa, Abbott pretende contribuir a que las personas que viven con diabetes tipo 2 dispongan de información rigurosa y comprensible que les permita afrontar con mayor confianza la evolución de la patología, el conocimiento que proporcionan las tecnologías y participar activamente, junto con los profesionales sanitarios, en las decisiones sobre su tratamiento.
Uno de los capítulos de la guía que forma parte de esta campaña informativa de Abbott se destina a la monitorización continua de la glucosa (MCG), una herramienta que permite a los pacientes gestionar la diabetes.
En personas con diabetes tipo 2 tratadas con insulina basal, la monitorización continua de glucosa ha demostrado que podría contribuir a evitar cada año más de 9.000 episodios de hipoglucemias leves y alrededor de 1.400 hipoglucemias graves en España, al permitir una visión continua de la evolución de la glucosa y permitir ajustes del tratamiento. Asimismo, en la práctica clínica se han visto reducciones del 24 % en las hospitalizaciones, una disminución de los ingresos por insuficiencia cardiaca del 37 % y mejoras sostenidas del control glucémico respecto al autocontrol convencional mediante glucemia capilar.
Hasta hace pocos años, el seguimiento de los niveles de glucosa en las personas con diabetes se basaba fundamentalmente en controles capilares realizados en momentos determinados. Aunque estas mediciones ofrecían información sobre el estado glucémico en esos instantes, no aportaban datos sobre la evolución de los niveles de glucosa entre mediciones, especialmente durante la noche o entre las comidas.
La monitorización continua de glucosa proporciona mediciones frecuentes a lo largo del día, lo que permite identificar tendencias y patrones adicionales. De este modo, tanto el paciente como el profesional sanitario pueden conocer cómo influyen factores cotidianos como las comidas, la actividad física, el descanso o el estrés sobre los niveles de glucosa y personalizar las decisiones terapéuticas. Estos sistemas, permiten detectar hipoglucemias, incluidas las que se producen durante la noche. Al disponer de esta información las personas pueden comprender su condición y participar activamente en su manejo.