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La genética influye en la predisposición a ganar peso, pero no determina por sí sola cómo evolucionará la obesidad, según los expertos
La obesidad es una enfermedad compleja en cuyo desarrollo intervienen factores biológicos, psicológicos y ambientales. La genética forma parte de este proceso, pero no determina por sí sola la evolución del peso. Su influencia debe interpretarse junto con el estado de salud, las circunstancias personales y aquellos aspectos sobre los que es posible actuar.
Determinadas variantes genéticas están relacionadas con mecanismos que intervienen en la regulación del apetito, la sensación de saciedad o el almacenamiento de energía. Esta predisposición ayuda a explicar por qué personas expuestas a condiciones similares presentan evoluciones distintas, aunque no permite anticipar de forma aislada quién desarrollará obesidad ni cuál será su evolución.
“En el abordaje de la obesidad resulta necesario identificar qué factores están influyendo en cada caso. No todos corresponden al mismo ámbito ni requieren la misma intervención, por lo que contar con profesionales de distintas especialidades permite adaptar el tratamiento a las necesidades concretas de cada persona”, explica Christian Alvarado, director médico de Drop de Sanitas, la unidad digital de la compañía especializada en el tratamiento y seguimiento de la obesidad.
Esta valoración amplia resulta especialmente relevante porque el aumento de peso no siempre responde a las mismas causas. La alimentación y la actividad física forman parte del abordaje, pero también conviene revisar el contexto clínico y otros condicionantes que estén dificultando la evolución.
La información genética permite identificar determinadas predisposiciones y orientar la prevención de forma más personalizada. En esta línea, Mi Salud Genómica, el servicio de secuenciación del genoma completo de Sanitas, ayuda a incorporar esta información a la valoración de la salud. “Una variante genética aporta información sobre la susceptibilidad individual a desarrollar determinadas condiciones de salud, pero no determina de forma inevitable su aparición. Su verdadero valor radica en integrarse con la información clínica, los hábitos de vida y otros factores ambientales para identificar riesgos prevenibles y adoptar estrategias de actuación tempranas y personalizadas” añade la Dra. Stefanie Hoffmann, médico preventivo de Blua de Sanitas.
La dimensión psicológica también forma parte del abordaje de la obesidad. Atribuir la evolución del peso únicamente a la fuerza de voluntad simplifica una enfermedad en la que intervienen diferentes condicionantes y puede aumentar la frustración cuando los resultados no son los esperados.
“Cuando una persona lleva tiempo intentando controlar su peso sin lograr los cambios deseados, pueden aparecer sentimientos de frustración o una percepción negativa sobre su propia capacidad. El acompañamiento psicológico ayuda a revisar las expectativas, la relación con la alimentación, identificar dificultades y trabajar cambios que puedan mantenerse dentro de la vida cotidiana”, explica por su parte Silvia Mérida Expósito, psicóloga de Blua de Sanitas.
Ante esta realidad, los especialistas de Drop de Sanitas destacan algunas claves:
“La combinación de datos clínicos, hábitos de vida e información genómica proporciona una visión más completa de los factores que influyen en el desarrollo y la evolución de la obesidad. Este conocimiento facilita una atención más personalizada, orientada a identificar riesgos, optimizar las intervenciones preventivas y adaptar el tratamiento a las características individuales de cada persona”, concluye la Dra. Stefanie Hoffmann, médico preventivo de Blua de Sanitas.