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“La mente y el cuerpo están interconectados, los factores psicológicos y biológicos pueden influir en cómo nos sentimos” afirma Oliver Serrano, director del Máster en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea. “Adoptar rutinas de sueño, gestionar el estrés y una alimentación equilibrada son pilares de autocuidado, pero no sustituyen la necesidad de una evaluación médica ante la sospecha de un problema hormonal”
Los cambios hormonales asociados a etapas vitales como la menopausia, el posparto o la pubertad suelen ir acompañados de un malestar emocional que, con frecuencia, es minimizado o aceptado como inevitable. Oliver Serrano, director del Máster en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, advierte de que “cuando el malestar emocional interfiere de manera significativa con la vida cotidiana, la calidad de las relaciones, el dormir o la capacidad de funcionar con normalidad, es un signo que merece atención clínica”.
Precisamente, una de las primeras y más claras manifestaciones de este problema es la alteración del sueño, un factor que actúa como catalizador del malestar emocional. La relación entre las hormonas, el descanso y la salud mental es tan estrecha que se retroalimenta: un desajuste hormonal dificulta el descanso y, a su vez, la falta de un sueño reparador agrava el desequilibrio anímico. El experto de la Universidad Europea explica que “el sueño insuficiente se asocia con una menor capacidad de regulación emocional, mayor reactividad al estrés y un mayor riesgo de desarrollar síntomas ansiosos o depresivos”.
Este círculo vicioso explica por qué “muchas quejas que inicialmente se expresan como ‘no puedo dormir y estoy irritado’ tienen una base en cómo las hormonas del estrés y del descanso interactúan con los sistemas que regulan el estado de ánimo y la cognición”, destaca el experto de la Universidad Europea. Por ello, es un error desvincular los síntomas físicos de los emocionales y tratarlos como problemas separados.
Ante estas situaciones, existen estrategias de estilo de vida que han demostrado ser eficaces para fomentar una mejor regulación biológica y emocional. Oliver Serrano recomienda “adoptar rutinas regulares de sueño, gestionar el estrés de manera activa a través de ejercicios de relajación o técnicas de mindfulness, favorecer la actividad física y prestar atención a una alimentación equilibrada, son pilares que contribuyen a la estabilidad del organismo”.
No obstante, estas estrategias de autocuidado no sustituyen una evaluación médica formal. “Cuando hay sospecha de un problema hormonal real, y en esos casos la derivación a un endocrino o un médico especialista es un paso responsable y necesario para descartar causas endocrinas subyacentes y coordinar un abordaje adecuado”, señala el experto.
La mente y el cuerpo están profundamente interconectados, y tanto los factores psicológicos como los biológicos pueden influir en cómo nos sentimos y funcionamos. Serrano afirma que “escuchar el cuerpo, reconocer señales de alerta y buscar ayuda profesional oportuna no es una muestra de debilidad, sino de autocuidado fundamentado en evidencia y respeto por nuestra salud integral”.