5 de marzo, 2026
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La guía prioriza proteínas animales y grasas, y el texto promete comida real, pero la jerarquía visual puede inducir a errores, señalan expertas de la UOC.

El Departamento de Salud de Estados Unidos ha presentado una nueva pirámide nutricional que rompe con décadas de tradición. Invertida visualmente y con un diseño poco intuitivo, esta guía ha generado confusión y debate entre expertos en nutrición y salud pública. Pero más allá de su forma, su contenido es lo que ha encendido las alarmas: prioriza el consumo de proteínas y grasas de origen animal, relegando a un segundo plano a las legumbres, cereales integrales y otras fuentes vegetales, lo que dificulta que el público traduzca el mensaje a la compra semanal y al plato de cada día. Un enfoque que, según numerosos especialistas, además de carecer de consenso científico sólido para la población general, ignora el impacto medioambiental y la sostenibilidad alimentaria.

En un momento en que la evidencia científica apunta hacia dietas basadas en plantas para reducir la huella ecológica y prevenir enfermedades crónicas, ¿qué implicaciones tiene esta guía para la salud humana y planetaria? Analizamos las claves con las expertas Anna Bach Faig, directora del máster universitario de Alimentación Saludable y Sostenible de la UOC, y Clara Gómez Donoso, investigadora posdoctoral del grupo .

El impacto medioambiental: la gran omisión de la pirámide

La nueva pirámide estadounidense genera dudas por su jerarquía nutricional y también por su coste ecológico. Las expertas señalan que "la carne, en especial la roja y procesada, y otros alimentos animales presentan una huella ambiental muy superior a la de fuentes alternativas"

"No hay una evidencia robusta que justifique priorizar de forma generalizada las proteínas de origen animal" desde una perspectiva de salud pública y sostenibilidad. Promover su consumo por encima de opciones vegetales contradice las recomendaciones nutricionales para la mayoría de la población, y además ignora la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso de agua y la deforestación asociados a la ganadería intensiva.

La guía se presenta bajo el discurso de la "comida real", pero omite cualquier mención a la salud planetaria y contraviene la evidencia científica disponible en relación con la salud humana. En un contexto donde la sostenibilidad debe ser un pilar de las políticas y guías alimentarias, esta omisión resulta estratégica y preocupante. Las expertas enfatizan que dar protagonismo a estos alimentos "puede desplazar el consumo de alimentos con mayor beneficio para la salud, como las grasas insaturadas (por ejemplo, aceite de oliva y frutos secos), las legumbres, el pescado y los cereales integrales", que son clave tanto para la salud humana como planetaria por su menor impacto ambiental.

Comparación con otros modelos: de Harvard a la dieta mediterránea

¿Cómo se compara esta pirámide con modelos ampliamente respaldados por la ciencia, como el plato de Harvard o la dieta mediterránea? La diferencia es destacable y Bach y Gómez lo dejan claro: “A diferencia del plato de Harvard o la dieta mediterránea, que priorizan explícitamente frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y aceite de oliva, esta pirámide no establece una jerarquía clara a favor de los alimentos vegetales".

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