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La cuenta atrás para la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) ha comenzado. Para miles de estudiantes, estas semanas suponen un auténtico “maratón mental”: repasos intensivos, descanso irregular y una presión sostenida que, además de preocupación, suele traducirse en síntomas físicos como molestias digestivas, cambios en el apetito, palpitaciones o alteraciones del sueño. Todos, síntomas producidos por el estrés.
En este contexto cobra gran importancia el equilibrio del eje intestino‑cerebro, una vía de comunicación bidireccional entre el sistema digestivo y el sistema nervioso. El estrés puede afectar al funcionamiento digestivo y, a la vez, el estado de la microbiota intestinal se asocia con procesos relacionados con el estado de ánimo y determinadas funciones cognitivas.
Según la Dra. Ana I. Ortiz Gutiérrez, gerente del Área de Salud del Grupo Farmasierra, “en etapas de alta exigencia académica como la PAU, el organismo puede entrar en un estado de hiperactivación constante. Esta respuesta continuada al estrés puede manifestarse a través de tensión muscular, molestias digestivas, cambios en el apetito o alteraciones del sueño y todo ello acaba impactando tanto en el bienestar general como en el rendimiento académico”.
Más allá de una buena planificación del estudio, mantener rutinas estables puede ayudar a sostener la claridad mental y la capacidad de recuperación durante las semanas previas a la PAU. En este sentido, es muy importante tener una buena higiene del sueño: organizar horarios, mejorar el entorno de descanso y desconectar de dispositivos digitales unos 30 minutos antes de acostarse son medidas sencillas que contribuyen a mejorar la calidad del descanso. Dormir entre 7 y 8 horas también facilita la consolidación de la memoria y mejora la recuperación, algo clave cuando se encadenan varios exámenes.
La alimentación y la modulación de la microbiota intestinal también desempeñan un papel relevante en el rendimiento académico. Mantener comidas regulares y seguir una dieta equilibrada contribuye a aumentar la energía disponible y a optimizar la concentración y el rendimiento cognitivo.
Para favorecer el equilibrio la microbiota intestinal, es importante priorizar una alimentación rica en fibra procedente de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, y así como asegurar un aporte adecuado de proteínas de calidad y grasas saludables, fundamentales para el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Además, una hidratación adecuada ayuda a prevenir la fatiga mental, y reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares refinados y cafeína puede evitar picos de energía seguidos de bajones, frecuentes durante periodos de estudio intensivo.
Por último, no hay que olvidar la actividad física moderada. Moverse de forma habitual favorece la liberación de tensión acumulada y se asocia a procesos implicados en el estado de ánimo y el enfoque atencional, lo que puede contribuir a afrontar el estudio y los exámenes con mayor estabilidad.
“El objetivo no es eliminar el estrés, que en determinados contextos puede ejercer una función adaptativa, sino prevenir que alcance niveles excesivos y termine bloqueando la atención, la recuperación nocturna y la gestión emocional durante el examen”, explica la Dra. Ortiz. “Partiendo de esta base, estrategias respaldadas por la evidencia científica, como el uso de determinadas cepas probióticas estudiadas, pueden constituir un apoyo complementario dentro de un abordaje integral basado en hábitos de vida saludables”.
En el marco de este abordaje, Bifidobacterium longum 1714™ es una cepa probiótica clínicamente estudiada que ha mostrado resultados en la modulación de respuestas psicológicas y fisiológicas frente al estrés, con hallazgos en variables vinculadas a la respuesta al estrés y en medidas relacionadas con actividad cerebral y rendimiento neurocognitivo bajo estrés social.
En definitiva, concluye la Dra. Ortiz, “la PAU no sólo exige conocimientos académicos, sino también una adecuada gestión del ritmo de estudio y del estrés asociado a esta etapa. Combinar organización, hábitos de vida saludables, técnicas sencillas de regulación y, cuando sea necesario, el apoyo con probióticos clínicamente estudiados por su acción psicobiótica, puede marcar una diferencia en cómo el estudiante llega al examen y en su bienestar durante estas semanas de alta exigencia”.