20 de marzo, 2026
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Un informe de The Lancet (2025) vincula 11,8 millones de muertes entre 2021 y 2022 a dietas desequilibradas, con alto consumo de carne y bajo consumo de alimentos vegetales. El estudio señala además que estos patrones alimentarios se asocian a mayor riesgo de enfermedades crónicas y contribuyen al cambio climático. En este contexto, la Atención Primaria se presenta como clave para promover dietas más saludables y sostenibles.

Con motivo del Día Mundial Sin Carne, residentes de familia y jóvenes médicos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) recuerdan la importancia de reflexionar sobre nuestros patrones alimentarios y su impacto tanto en la salud individual como en el entorno. Según el informe más reciente de The Lancet sobre salud y cambio climático, 11,8 millones de muertes se asociaron a dietas desequilibradas, caracterizadas por un elevado consumo de carne y un menor consumo de alimentos de origen vegetal. Esta cifra refleja el peso de los actuales patrones alimentarios en la carga global de enfermedad.

En países con economías avanzadas, el patrón de consumo actual, caracterizado por el exceso de productos ultraprocesados y un elevado consumo de alimentos de origen animal -principalmente carne roja procesada-, se relaciona con un mayor riesgo de enfermedades crónicas (como evidencian incrementos de hasta un 23% en enfermedades cardiovasculares o de entre un 20% y un 40% en hipertensión arterial) y con una creciente presión sobre los recursos naturales.

A su vez, la producción alimentaria contribuye al cambio climático, que también repercute en la estabilidad del propio sistema alimentario, un impacto que se ha tratado de cuantificar mediante indicadores como la huella de carbono o la huella hídrica alimentaria.

La forma en que nos alimentamos nos conecta directa e ineludiblemente con la naturaleza. No se trata solo de cuánto comemos, sino de qué comemos y cómo se produce”, explica Paula Bellido Izquierdo, vocal de residentes de la semFYC y una de las autoras del artículo “Nutrición con visión de salud planetaria: estrategias para la atención primaria” publicado en la revista Atención Primaria. “La evidencia científica indica que el actual modelo alimentario influye tanto en la salud de las personas como en la del planeta. Desde la Medicina de Familia podemos acompañar a la población hacia cambios progresivos y realistas que tengan un impacto positivo en ambas dimensiones”, añade.

En este contexto, durante el IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicas y Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes de la semFYC, que se celebra los días 20 y 21 de marzo en Zaragoza, se reflexionará sobre la relación entre cambio climático y salud, y los retos que plantea su abordaje desde la práctica clínica.

Una sola salud, un enfoque integral

Desde principios de siglo, la Organización Mundial de la Salud impulsa el concepto de “Una Sola Salud” (One Health), que entiende la salud humana, animal y ambiental como un sistema interdependiente. Bajo este marco, las dietas basadas mayoritariamente en productos de origen vegetal, como la dieta planetaria, se plantean como una alternativa que puede contribuir tanto a mejorar indicadores de salud como a reducir la presión ambiental.

Además, el modelo de producción basado en la ganadería intensiva y el uso creciente de antibióticos en los animales no solo facilita la proliferación de enfermedades infecciosas, sino que también puede contribuir al desarrollo de resistencias antibióticas y favorecer la proliferación de nuevas pandemias, uno de los desafíos más relevantes para la salud pública actual.

El abuso de antibióticos en la producción animal aumenta la probabilidad de que bacterias resistentes circulen entre animales y personas, reduciendo la eficacia de tratamientos esenciales y complicando el manejo de infecciones comunes. Esta interconexión entre alimentación, producción y salud refuerza la importancia de avanzar hacia patrones dietéticos más sostenibles y de reducir el consumo de productos de origen animal cuando sea posible.

Ante este contexto, la Atención Primaria ocupa una posición estratégica para promover recomendaciones adaptadas a cada paciente. La continuidad asistencial y la relación de confianza facilitan la adopción de hábitos que pueden mantenerse en el tiempo y ajustarse a las particularidades culturales, económicas y de salud de cada persona.

Promover cambios en la alimentación no significa imponer restricciones drásticas, sino acompañar a las personas con alternativas saludables y sostenibles que puedan integrar en su vida cotidiana. Cada paso hacia patrones alimentarios más equilibrados contribuye a la salud individual y del planeta, y desde la Atención Primaria podemos ser un referente para guiar estas transformaciones”, concluye Paula Bellido.

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