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La farmacéutica Amapola Munuera, especializada en alergia alimentaria en el prestigioso Imperial College de Londres, destaca la importancia de la exposición oral adecuada desde los primeros meses para favorecer la tolerancia inmunológica.
Las alergias alimentarias son enfermedades que conllevan riesgo vital, ya que el contacto del paciente con el alimento puede provocarle, de forma impredecible e inmediata, una reacción grave que puede llegar a ser mortal en cuestión de minutos, reacción que se conoce como anafilaxia.
Los responsables de estas reacciones son los alérgenos, generalmente proteínas presentes en los alimentos. Aunque cualquier alimento puede generar alergia, existen algunos que tienen mayor capacidad debido a las características de sus alérgenos.
Según la farmacéutica Amapola Munuera, “que muchas alergias alimentarias surjan en la primera infancia supone una gran responsabilidad para el núcleo familiar y los cuidadores, que adoptan una actitud hipervigilante con los alimentos para proteger a los niños alérgicos”.
En España, las alergias alimentarias más prevalentes en la infancia son a la leche, al huevo, al pescado y a los frutos secos. En este contexto, la experta explica cómo pueden surgir este tipo de alergias en edades tempranas y qué pautas es aconsejable seguir para reducir el riesgo.
En el desarrollo de una alergia a un alimento normalmente intervienen dos factores principales:
• Predisposición genética (atopía): la tendencia heredada a desarrollar enfermedades alérgicas es uno de los factores de riesgo para el desarrollo de alergias, pero la posibilidad de desarrollarlas siempre existe, aun sin predisposición genética.
• Contacto inicial inapropiado con el alimento (fase de sensibilización): es decir, cuando no se realiza una “exposición oral inicial adecuada” al alimento, o la exposición inicial se produce por otras vías de contacto, como la piel.
Así, la forma de cocinado, la periodicidad de la toma del alimento, la cantidad ingerida y el momento en el que se introduce el alimento en la dieta del lactante son determinantes en la probabilidad de que surja la alergia alimentaria.
“La exposición oral a cantidades adecuadas de alimento, especialmente de forma precoz y mantenida en el tiempo —evitando un contacto esporádico—, favorece los mecanismos de tolerancia inmunológica”, asegura Munuera.
“En lactantes con riesgo de atopía (es decir, con familiares de primer grado con enfermedades alérgicas), la introducción progresiva de algunos alimentos en formas más tolerables y en presencia de ciertos alimentos ‘pacificadores’ podría favorecer la adquisición de tolerancia inmunológica y tener un potencial efecto preventivo”, añade.
Para minimizar la probabilidad de que los niños desarrollen alergias alimentarias, Munuera recomienda realizar una exposición oral adecuada, siempre bajo supervisión pediátrica, consistente en las siguientes pautas:
1. Introducción precoz de alimentos alergénicos: no retrasar la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos, comenzando por aquellos más habituales en la dieta familiar. Existe una ventana de menor reactividad del sistema inmunológico que favorecería la tolerancia, entre los 4 y 6 meses y hasta los 11 meses. (*Estudio LEAP Learning early about peanut allergy 2015, Estudio EAT Enquiring about Tolerance 2016, Estudio PETIT 2017).
2. Adaptar el formato del alimento al desarrollo del bebé: introducir los alimentos de forma segura y adecuada para reducir el riesgo de atragantamiento y rechazo, y así permitir la exposición temprana. Introducir alimentos en presencia de trigo, soja o maíz proporcionaría un entorno antiinflamatorio que podría favorecer la tolerancia hacia otros alérgenos.
3. Consumo regular: una vez introducido un alimento, es fundamental mantener su consumo frecuente. La pauta de los tres días (introducir un alimento durante tres días seguidos) puede ayudar a detectar reacciones alérgicas, pero, si el alimento se ha introducido con éxito, se debe continuar con su ingesta regular 2-3 veces a la semana. La exposición intermitente o puntual no favorece la educación del sistema inmunológico hacia la tolerancia.
4. Priorizar la vía oral en cantidades adecuadas: las primeras exposiciones deben ser orales y controladas, evitando contactos accidentales a través de otras vías como la piel. Por ello, es clave prestar atención a la contaminación cruzada, las trazas en otros alimentos industriales y la presencia de alérgenos en productos de uso cotidiano. Se debe introducir el alimento en pequeña cantidad, preferiblemente mezclado con uno ya tolerado, e ir aumentándola de forma gradual a lo largo de varios días, sin forzar.
Actualmente, de la mano de las sociedades científicas, asistimos a una nueva revolución en la alergología, consistente en una transición desde una mera gestión reactiva y control de las enfermedades alérgicas hacia una estrategia proactiva, preventiva y personalizada del paciente alérgico. En esta línea, la EAACI (Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica), en su último congreso Spring Meeting 2026 celebrado en Belgrado, consolidó —bajo el lema “La prevención como tratamiento”— la recomendación de la ventana de oportunidad para la introducción de alimentos alergénicos (4-6 meses) como una intervención inmunológica crítica.
“Conseguir educar el sistema inmunológico de un niño hacia la tolerancia a los alérgenos presentes en los alimentos es conseguir que el niño sea libre no solo para comer, sino para vivir”, concluye Munuera.