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La Fundación Roma publica este lunes la quinta edición de los criterios Roma (Roma V), el marco diagnóstico de referencia internacional para los trastornos digestivos crónicos. La principal novedad es la consolidación del término Trastornos de la Interacción Intestino-Cerebro (DGBI, Disorders of Gut–Brain Interaction), que sustituye al concepto histórico de ‘trastorno funcional gastrointestinal’ y refleja una comprensión más completa del eje bidireccional que conecta el sistema digestivo con el sistema nervioso.
“Roma V supone un cambio de paradigma hacia un modelo biopsicosocial, alejándose de etiquetas estigmatizantes y centrándose en cómo el sistema nervioso y el tracto digestivo se influyen mutuamente. Reconoce que el dolor abdominal recurrente, la hinchazón, la alteración del tránsito o las digestiones pesadas no son síntomas imaginarios ni puramente psicológicos, son trastornos reales que se originan en una alteración de la microbiota intestinal que incide en la comunicación entre el intestino y el cerebro”, explica el Dr. Guillermo Álvarez Calatayud, pediatra gastroenterólogo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y Expresidente de la Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos (SEMiPyP).
Los datos disponibles obtenidos todavía con los criterios anteriores Roma IV, en proceso de actualización a Roma V, muestran una prevalencia muy superior a la que percibe la población general. El Rome Foundation Global Epidemiology Study en su brazo español sitúa la prevalencia adulta en el 43,6 %, con un intervalo de confianza del 95 % entre el 41,5 % y el 45,8%. En pediatría, datos publicados por el grupo de trabajo de la SEGHNP (Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) estiman que hasta cuatro de cada diez niños mayores de cuatro años presentan algún trastorno funcional digestivo.
"Hablamos de millones de personas en España conviviendo con síntomas digestivos crónicos. Muchas de ellas han pasado años sin un diagnóstico claro porque las pruebas habituales, como analíticas o endoscopias, suelen salir normales. Los criterios Roma ponen nombre a esa realidad y ofrece criterios objetivos para que los profesionales podamos identificarla", apunta el Dr. Álvarez Calatayud.
En Roma V se introducen nuevas categorías diagnósticas, como el síndrome de incapacidad para eructar, y se proponen algoritmos clínicos más flexibles para la práctica médica diaria. El texto enfatiza que factores como la microbiota, la dieta y el bienestar psicológico son fundamentales para comprender síntomas como el dolor abdominal y la hipersensibilidad visceral. Además, resalta la importancia de una relación terapéutica sólida entre médico y paciente para mejorar la calidad de vida y optimizar los resultados del tratamiento. Finalmente, los autores ofrecen guías detalladas para personalizar el manejo de estas condiciones según su nivel de severidad y el perfil multidimensional de cada individuo.
El nuevo umbral diagnóstico de Roma V (tres días al mes en lugar de síntomas semanales) abre la puerta a identificar de forma temprana cuadros que en la infancia y la adolescencia suelen pasar desapercibidos. Estreñimiento funcional, dolor abdominal crónico, dispepsia y trastornos como la aerofagia son algunos de los cuadros que Roma V reorganiza específicamente para la población pediátrica.
“Detectar pronto un trastorno de la interacción intestino-cerebro en un niño o adolescente significa evitar años de molestias sin nombre, de visitas recurrentes y pruebas diagnósticas innecesarias que no llegan a una conclusión y, sobre todo, de un impacto importante en la calidad de vida y en el rendimiento escolar”, subraya el especialista.
En la conexión entre el intestino y el cerebro desempeña un papel fundamental la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan el aparato digestivo y que participan tanto en la digestión como en la respuesta inflamatoria y la regulación del estado de ánimo. Junto a las recomendaciones higiénico-dietéticas y al tratamiento médico individualizado, el uso de cepas probióticas con evidencia clínica se ha consolidado como una herramienta de apoyo.
La cepa Bifidobacterium longum 35624™, de Farmasierra, cuenta con estudios clínicos publicados que describen una mejoría sostenida de síntomas como la hinchazón, el dolor abdominal y la distensión en personas con SII. Estudios observacionales multicéntricos más recientes con más de tres mil pacientes sugieren que la remisión clínica se consolida con un uso continuado de al menos tres meses.
“La combinación de un diagnóstico Roma V claro, unas pautas de estilo de vida saludable y, cuando procede, cepas probióticas con respaldo científico, marca una diferencia muy clara para el paciente. Ya no se trata de tratar síntomas aislados, sino de cuidar un eje que conecta dos sistemas que dialogan constantemente”, concluye el Dr. Álvarez Calatayud.