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Las bioquímicas y expertas en nutrición clínica y aplicada, Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, explican por qué durante el verano muchas personas empeoran la calidad de su alimentación sin ser conscientes de ello. Reducir el consumo de proteínas, sustituir comidas completas por platos poco equilibrados o aumentar la ingesta de alcohol y ultraprocesados son errores frecuentes.
Con la llegada del verano cambian nuestras rutinas y también nuestra forma de comer. Aunque muchas personas creen que durante las vacaciones siguen una alimentación más saludable por consumir más ensaladas, fruta o platos fríos, la realidad es que estos meses suelen esconder una auténtica “trampa nutricional”.
En muchos casos disminuye el consumo de proteínas y aumenta el de las comidas improvisadas, los ultraprocesados y el alcohol; empeora la hidratación y son más frecuentes los desequilibrios digestivos y los picos de glucosa.
Para ayudar a evitar estos errores, las bioquímicas Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, expertas en nutrición clínica, nutrición aplicada y salud pública y fundadoras de Futurlife21, comparten tres claves sencillas para mantener una alimentación equilibrada durante el verano, sin renunciar a disfrutar de las vacaciones.
Uno de los errores más habituales consiste en sustituir comidas completas por ensaladas muy simples o platos improvisados. “Muchos piensan que cualquier ensalada ya es una comida equilibrada, cuando en realidad suele faltar proteína, hidratos de carbono de calidad o grasas saludables. Comer ligero no significa comer mejor”, explican.
Las expertas recuerdan que una comida completa debería incluir verduras de distintos colores, una fuente de proteína, hidratos de carbono de calidad –como legumbres, quinoa o arroz integral– y grasas saludables. Reducir las proteínas de forma habitual puede disminuir la saciedad, favorecer el picoteo posterior, aumentar el cansancio y dificultar el mantenimiento de la masa muscular.
Durante el verano cocinamos menos, improvisamos más y pasamos más tiempo fuera de casa. Todo ello facilita que aumente el consumo de helados, snacks, refrescos, salsas comerciales, aperitivos o bebidas alcohólicas.
“Muchas veces asociamos disfrutar con comer peor, cuando ambas cosas no tienen por qué ir unidas. Con un poco de organización también es posible preparar recetas sencillas, rápidas y nutritivas”.
Las bioquímicas recuerdan, además, que el alcohol favorece la deshidratación, empeora la calidad del sueño y puede alterar el apetito al día siguiente.
El calor suele disminuir el apetito y hacer que muchas personas crean que necesitan menos alimento, llegando incluso a confundir hambre con sed. Sin embargo, las necesidades nutricionales del organismo siguen siendo las mismas. Además, la hidratación no debe basarse en refrescos, granizados, zumos o bebidas alcohólicas.
“Beber agua sigue siendo la mejor forma de hidratarse. También pueden contribuir alimentos ricos en agua, como frutas, verduras o gazpachos, pero el alcohol y las bebidas azucaradas no sustituyen una buena hidratación”.
Según explican, cuando la alimentación pierde calidad durante el verano es frecuente experimentar bajones de energía, digestiones más pesadas, hinchazón o una mayor tendencia a consumir alimentos ricos en azúcares rápidos, favoreciendo los picos y descensos de glucosa.
Las fundadoras de Futurlife21 recuerdan que el objetivo no debe ser buscar la perfección durante las vacaciones, sino mantener unos hábitos que permitan disfrutar del verano sin caer en falsas creencias sobre la alimentación.
“Comer saludable también puede ser sencillo, apetecible y compatible con la vida social. La clave está en que la mayor parte de nuestras elecciones sigan aportando los nutrientes que el organismo necesita, también durante el verano”, concluyen.