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Alfonso de Juan, farmacéutico con más de una década de experiencia en cosmética y nutricosmética, es el fundador de Andala, una empresa española especializada en microbiota y respaldada por Pascual Innoventures. La compañía se centra en probióticos con evidencia clínica y cepas específicas para distintas necesidades de salud.
El mercado de probióticos en España no para de crecer. Pero la mayoría de los productos que se venden en farmacias y supermercados comparten un problema que casi nadie explica: no especifican la cepa, no tienen estudios clínicos propios y muchos no sobreviven al ácido gástrico. El resultado es que millones de personas gastan dinero en suplementos que llegan inactivos al intestino — o que simplemente no están diseñados para el problema que intentan resolver.
Es la tesis sobre la que trabaja Alfonso de Juan, farmacéutico con más de una década de experiencia en cosmética y nutricosmética, y fundador y CEO de Andala, la empresa española especializada en microbiota respaldada por Pascual Innoventures, el ecosistema de innovación del grupo Pascual centrado en alimentación y salud del futuro.
"El error más común es tratar los probióticos como si fueran todos iguales", explica Alfonso de Juan. "Cuando alguien me dice que tomó probióticos y no notó nada, lo primero que pregunto es: ¿qué cepa? ¿qué dosis? ¿qué estudios tiene detrás? En la mayoría de los casos, nadie sabe responder".
Un probiótico no es una bacteria genérica. Es una cepa específica, con un comportamiento documentado, una dosis validada y una evidencia clínica que la respalda. La diferencia entre Lactobacillus a secas y Lactiplantibacillus plantarum P8® no es de nombre — es de evidencia. La primera es una denominación de género. La segunda es una cepa con estudios randomizados, doble ciego y controlados con placebo publicados en revistas indexadas.
Para que un probiótico funcione tiene que llegar vivo al intestino. Eso parece obvio — pero no lo es en la práctica. El tracto digestivo es un entorno hostil: ácido gástrico, sales biliares, enzimas pancreáticas. Muchas cepas no están formuladas para sobrevivir ese recorrido, y se desactivan antes de poder ejercer cualquier efecto.
Hay otro error menos conocido pero igual de relevante: tomar probióticos en exceso convencido de que más bacterias equivale a más beneficio. Los suplementos con altas concentraciones de unidades formadoras de colonias (UFC) y múltiples cepas mezcladas pueden generar el efecto contrario al deseado. Un intestino que ya presenta alguna alteración previa —inflamación, disbiosis, permeabilidad aumentada— puede reaccionar con exceso de fermentación, más gases, más hinchazón y mayor desequilibrio microbiano. Es decir: exactamente los síntomas que intentabas resolver.
"La gente ha escuchado que los probióticos son buenos y los toma como si fueran caramelos", explica Alfonso de Juan. "Pero un probiótico es un microorganismo vivo que interactúa con un ecosistema complejo. Tomar probióticos sin criterio es como ir a la farmacia cuando te encuentras mal y tomarte todos los medicamentos del mostrador a la vez. Más no es más. A veces más es peor".
Cada cepa está estudiada para efectos específicos. Una cepa con evidencia en digestión no tiene necesariamente evidencia en estrés o en metabolismo. Usar un probiótico "digestivo" para tratar ansiedad —o viceversa— es como tomar un antiinflamatorio para una infección bacteriana. Puede no hacerte daño, pero tampoco va a funcionar.
Antes de comprar cualquier probiótico, según Alfonso de Juan, conviene hacerse tres preguntas: si el producto especifica la cepa completa —no solo el género o la especie, sino la cepa con su denominación registrada—, si tiene estudios clínicos propios que la respalden, y si la dosis del producto coincide con la dosis utilizada en esos estudios. "Si la respuesta a cualquiera de las tres es no, lo más probable es que estés comprando una promesa, no un activo", resume.
Esa brecha entre mercado y consumidor es, precisamente, la razón por la que existe Andala. La empresa formula exclusivamente con cepas clínicas seleccionadas por su evidencia específica para una indicación concreta, sin mezclas indiscriminadas ni seguir modas. La línea inicial cubre cuatro objetivos:
"En Andala no ponemos una cepa en un producto porque suene bien o porque esté de moda", añade Alfonso de Juan. "La ponemos porque tiene estudios clínicos publicados que demuestran que funciona para ese objetivo concreto. No somos una marca de suplementos más. Somos una empresa de microbiota".
Para Alfonso de Juan, el problema no son los probióticos en sí, sino el mercado que los rodea. "El problema es un mercado que ha crecido más rápido que la educación del consumidor. Esa brecha es exactamente la razón por la que existe Andala"
Porque cuidar la microbiota, concluye, no es tomar más suplementos. Es tomar los correctos.