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Aunque el sol es la principal fuente de vitamina D, los niveles adecuados no siempre están garantizados, incluso en países soleados como España. La menor exposición solar en invierno y los hábitos de vida favorecen la hipovitaminosis D, que puede mantenerse en el tiempo si no se aborda de forma adecuada. Los especialistas recomiendan combinar exposición solar prudente, dieta y, cuando sea necesario, suplementación indicada por un profesional sanitario.
Con la llegada del verano, aumenta el tiempo que pasamos al aire libre y, con ello, la exposición a la radiación ultravioleta necesaria para la síntesis cutánea de vitamina D. Sin embargo, un mayor número de horas de sol no implica automáticamente corregir un déficit acumulado durantemeses, especialmente si concurren factores como poca exposición (trabajo en interiores o uso constante de fotoprotección sin tiempos breves de exposición), edad avanzada, obesidad, entre otros factores.
“Solemos asociar el verano con ‘recargar’ vitamina D, pero no siempre es suficiente para normalizar un déficit que se arrastra del resto del año. Influyen los hábitos diarios y también características individuales; por eso, en personas con riesgo o con sospecha de déficit, lo adecuado es valorarlo con un profesional sanitario”, explica la Dra. Begoña Ortiz Santodomingo, directora del Área Científica de Farmasierra.
La vitamina D (especialmente vitamina D3 o colecalciferol) participa en funciones esenciales del organismo. Entre ellas, destaca su papel en la salud ósea y muscular al facilitar la absorción de calcio, además de su implicación en otros procesos fisiológicos.
“No hay que minimizar el déficit de vitamina D puesto que puede impactar en la salud ósea y muscular, y asociarse a debilidad y peor funcionalidad, especialmente en personas mayores”, señala la Dra. Ortiz. “Además, se está investigando su relación con diversas condiciones de salud; por eso es importante prevenir y corregir la hipovitaminosis D o déficit cuando está presente, siempre siguiendo el criterio médico”.
Durante el invierno, la reducción de horas de luz y la menor radiación ultravioleta, junto con rutinas con menos tiempo al aire libre, incrementan el riesgo de hipovitaminosis D, incluso en un país con muchas horas de sol como España. A esto se suma que la dieta, por sí sola, a menudo no basta para alcanzar niveles óptimos, ya que las fuentes alimentarias son relativamente limitadas y no siempre se consumen con la frecuencia necesaria.
Algunas recomendaciones para mantener un nivel óptimo de vitamina D son:
“En quienes no logran una exposición solar suficiente o presentan factores de riesgo, la suplementación puede ser una herramienta útil como apoyo, pero debe individualizarse. Lo importante es no asumir que el verano, por sí solo, corrige el problema en todos los casos”, indica la Dra. Begoña Ortiz.
En el caso de aquellas personas que ya estén tomando suplementos de vitamina D, no debería suspenderse ni modificarse por iniciativa propia solo por la llegada del verano. La necesidad de mantener, ajustar o interrumpir un suplemento depende de la situación individual, de los niveles sanguíneos y de los factores de riesgo.
“La suplementación puede ser necesaria en determinados perfiles también en verano, pero siempre se deben tener en cuenta las características de cada persona. Lo recomendable es revisar el caso con el profesional sanitario, que decidirá si procede mantener la pauta, ajustarla o reevaluar niveles”, finaliza la doctora.