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La nueva normativa establece más presencia de frutas, verduras y alimentos integrales, limita las frituras y los precocinados y exige que el 70 % de los productos de las máquinas expendedoras sean saludables.
Ya es oficial. La alimentación de hospitales y residencias de mayores cambiará durante el próximo año. El Gobierno acaba de aprobar un Real Decreto que establece nuevos criterios nutricionales para los menús de estos centros, tanto públicos como privados, con el objetivo de mejorar la calidad de los alimentos que reciben pacientes y residentes, así como las opciones disponibles para trabajadores y visitantes.
La nueva normativa apuesta por una mayor presencia de frutas, verduras, legumbres, pescado y cereales integrales, mientras limita los productos precocinados, las frituras y los alimentos con alto contenido en azúcares, sal y grasas saturadas. Los centros dispondrán de un periodo de adaptación de un año para incorporar estos cambios.
En la elaboración de esta normativa han participado las bioquímicas Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, expertas en nutrición clínica, nutrición aplicada y salud pública, y fundadoras de Futurlife21, quienes fueron contactadas por la Secretaría General de Consumo en verano de 2025 para aportar su visión científica y práctica. Desde entonces, han participado en la revisión del borrador, trasladando propuestas para mejorar la alimentación y poniendo especial atención en la importancia de las verduras, la fibra y la calidad nutricional de los menús, así como en la necesidad de elaborar recetas y propuestas que, además de nutritivas, resulten apetecibles para favorecer su aceptación y evitar el desperdicio alimentario.
“Si queremos cuidar la salud de la población y maximizar su recuperación, los hospitales y residencias deben ser ejemplo de ello”, señalan las fundadoras de Futurlife21.
El nuevo Real Decreto establece una mayor presencia de alimentos frescos y de calidad nutricional. En los centros se deberá ofrecer al menos tres raciones diarias de hortalizas, entre dos y tres de fruta, al menos cuatro raciones semanales de legumbres y tres de pescado. También se priorizarán los cereales integrales frente a las harinas refinadas.
Por el contrario, los platos precocinados quedarán limitados a tres raciones mensuales y las frituras a dos semanales. Además, se reforzará la calidad nutricional de desayunos, meriendas y recenas.
Los cambios también llegarán a las cafeterías y máquinas expendedoras, donde al menos el 70 % de los productos deberán responder a criterios de alimentación saludable. Asimismo, se ofrecerá el café sin azúcar por defecto, se instalarán fuentes de agua potable y se incorporarán cribados nutricionales para detectar posibles situaciones de desnutrición y adaptar la alimentación a las necesidades de cada paciente o residente.
Uno de los aspectos en los que han insistido Elena y María durante su participación en la revisión del borrador es que mejorar la alimentación no tiene por qué implicar recetas complicadas ni ingredientes costosos. Pequeñas modificaciones en los menús habituales pueden contribuir a aumentar su calidad nutricional sin renunciar al sabor.
Entre las propuestas trasladadas por Futurlife21 destacan sustituir la bollería por tostadas integrales, cambiar el pan blanco y las harinas refinadas por alternativas integrales o de legumbres, reemplazar los zumos envasados y las mermeladas por fruta entera o asada y utilizar aceite de oliva virgen extra en lugar de mantequilla.
También plantean ofrecer guisos con verduras y salsas elaboradas con aceite de oliva virgen extra como alternativa a las frituras, sustituir las galletas azucaradas por avena, fruta y yogur natural, y recurrir a opciones como queso fresco o huevo duro en lugar de determinados embutidos.
Estas modificaciones pueden trasladarse a comidas sencillas como lentejas con verduras, cocido, pescado en salsa verde con guisantes, salmón al papillote, cremas de verduras con carne guisada o ensaladas de legumbres. Para desayunos y meriendas, proponen combinaciones como pan integral con tomate, aceite de oliva y queso fresco, yogur natural con fruta y avena o tostadas integrales con ingredientes saludables. Estas y muchas más ideas se pueden encontrar en la app de Futurlife21.
“Desde Futurlife21 fusionamos ciencia y práctica para crear hábitos que se instauren para siempre. El objetivo es ofrecer alternativas variadas, apetecibles a la hora de comerlas y fáciles de incorporar a la organización de las cocinas, teniendo en cuenta las necesidades y posibles restricciones alimentarias de los pacientes y residentes”, comentan las expertas.
Además de la calidad de los menús, uno de los principales argumentos científicos que Futurlife21 ha trasladado durante este proceso es la importancia de la nutrición en la recuperación de los pacientes y en el bienestar de las personas mayores.
La evidencia científica recogida por las expertas muestra que una atención nutricional adecuada, especialmente cuando se acompaña de una detección temprana de la desnutrición y de soporte individualizado, puede favorecer la recuperación funcional, reducir determinadas complicaciones y contribuir a disminuir las estancias hospitalarias y los reingresos.
El aporte suficiente de proteínas y energía resulta especialmente importante para conservar la masa muscular y evitar el deterioro físico durante una hospitalización. Asimismo, una alimentación rica en fibra y nutrientes esenciales contribuye a mantener la función intestinal, el funcionamiento del sistema inmunitario y el estado nutricional general.
En las residencias de mayores, estos beneficios cobran especial relevancia por la mayor vulnerabilidad de algunos residentes. Una intervención nutricional adaptada puede ayudar a prevenir o abordar la desnutrición y la pérdida de masa muscular, favorecer la cicatrización de heridas, mejorar el control de la glucosa y contribuir al bienestar y la calidad de vida.
La mejora nutricional también puede tener repercusiones económicas para el sistema sanitario. Reducir las complicaciones, las hospitalizaciones evitables y los días de ingreso supone un beneficio para los pacientes y, al mismo tiempo, puede contribuir a optimizar los recursos. A ello se suma que una mejor planificación de los menús y una mayor aceptación de las comidas pueden ayudar a reducir el desperdicio alimentario.
Para Elena y María este cambio representa una oportunidad para dar a la alimentación la importancia que merece dentro del cuidado de la salud.
“Muchas enfermedades no transmisibles pueden empeorar su sintomatología y requerir ingresos por llevar hábitos no saludables y una mala alimentación. Hay que formar a la población y ser ejemplo de ello”, concluyen.