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El farmacéutico Alfonso de Juan explica por qué no todos los probióticos sirven para lo mismo y cuáles son las claves para elegir el adecuado según cada necesidad.
Los probióticos viven uno de sus momentos de mayor popularidad. Cada vez más personas recurren a ellos para aliviar molestias digestivas, recuperar la microbiota tras un tratamiento con antibióticos, fortalecer el sistema inmunitario o incluso mejorar el descanso y gestionar el estrés. Sin embargo, según el farmacéutico Alfonso de Juan, el principal problema no es que los probióticos no funcionen, sino que la mayoría de consumidores los compra sin saber realmente qué está tomando.
"Muchas personas me dicen que han probado un probiótico y no han notado absolutamente nada. Mi primera pregunta siempre es la misma: ¿qué cepa llevaba? ¿Qué dosis? ¿Qué estudios científicos tenía detrás? Y la realidad es que casi nadie sabe responder", explica.
Para Alfonso, el mercado ha crecido mucho más rápido que la educación del consumidor. Como consecuencia, miles de personas compran productos convencidas de que cualquier probiótico servirá para cualquier problema, cuando la realidad es muy distinta.
Uno de los mayores errores, según el farmacéutico, es pensar que todos los probióticos son iguales.
Un probiótico no es simplemente una bacteria "buena". Es una cepa concreta, estudiada para un objetivo específico y respaldada —o no— por evidencia científica. Del mismo modo que un medicamento no sirve para tratar cualquier enfermedad, tampoco un probiótico puede utilizarse indistintamente para cualquier necesidad.
"Cada cepa tiene un comportamiento diferente. Algunas han demostrado beneficios sobre la salud digestiva, otras sobre el eje intestino-cerebro y otras sobre determinados procesos metabólicos. Elegir un probiótico sin conocer para qué ha sido estudiado es como comprar unas gafas sin saber cuál es tu graduación".
Aunque la recomendación siempre debe individualizarse, Alfonso de Juan explica que el primer paso consiste en identificar cuál es el problema que se quiere abordar.
- Después de un tratamiento con antibióticos
Los antibióticos alteran el equilibrio natural de la microbiota intestinal. En estos casos, recomienda buscar productos formulados con cepas que hayan demostrado ayudar a recuperar ese equilibrio y cuya eficacia haya sido evaluada en estudios clínicos.
- Si sufres hinchazón o digestiones pesadas
No todas las molestias digestivas tienen el mismo origen. Por ello, es importante optar por cepas específicamente estudiadas para aliviar la inflamación funcional, mejorar la digestión o favorecer el equilibrio de la microbiota.
- Si buscas mejorar el estrés o el descanso
En los últimos años ha aumentado el interés por los llamados psicobióticos, microorganismos estudiados por su posible influencia sobre el eje intestino-cerebro. Algunas cepas concretas han mostrado resultados prometedores en personas con estrés cotidiano o ansiedad funcional, aunque no todas ofrecen los mismos efectos.
- Si tu objetivo es cuidar el metabolismo
También existen cepas y otros activos que han sido investigados por su posible papel en el metabolismo de la glucosa y la salud metabólica. Según Alfonso, el objetivo vuelve a ser el mismo: elegir siempre formulaciones respaldadas por evidencia científica para esa función concreta.
Otro de los grandes mitos es pensar que un probiótico será mejor por contener un mayor número de bacterias o una mezcla de muchas cepas diferentes.
"Más no siempre significa mejor. En algunos casos, un exceso de microorganismos o una combinación poco estudiada puede generar más gases, más fermentación o incluso empeorar la sintomatología en personas con una microbiota alterada", explica.
Por ello, insiste en que la calidad de la evidencia científica siempre debe estar por encima del número de cepas o de los millones de unidades formadoras de colonias (UFC) que aparecen en el envase.
Además de elegir la cepa adecuada, existe otro aspecto que suele pasar desapercibido: la supervivencia del microorganismo.
Durante su recorrido por el aparato digestivo, los probióticos deben superar el ácido del estómago, las sales biliares y distintas enzimas digestivas. Si no consiguen llegar vivos al intestino, difícilmente podrán ejercer el efecto para el que fueron diseñados.
Por eso, Alfonso recomienda fijarse también en la tecnología utilizada por cada fabricante para proteger las cepas y garantizar su viabilidad hasta el lugar donde deben actuar.
Para evitar comprar un producto solo por su publicidad o por el número de bacterias que contiene, Alfonso de Juan propone hacerse siempre estas tres preguntas:
¿El envase identifica la cepa completa y no solo el género o la especie?
¿Existen estudios clínicos publicados que respalden esa cepa para el objetivo que buscas?
¿La dosis incluida en el producto coincide con la utilizada en esos estudios?
"Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es no, probablemente estés comprando una promesa más que un ingrediente con evidencia científica", resume.
Para el farmacéutico, el futuro de la microbiota no pasa por consumir más suplementos, sino por consumir los adecuados.
"Estamos entrando en una etapa en la que dejaremos de hablar de ´los probióticos´ en general para empezar a hablar de cepas concretas, indicaciones concretas y evidencia concreta. Igual que ocurre con cualquier otra herramienta relacionada con la salud, el criterio será mucho más importante que la cantidad".