26 de mayo, 2026
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En el tracto digestivo conviven más de 100 billones de microorganismos que participan en funciones relacionadas con el bienestar físico y el funcionamiento general del cuerpo. El 34% de los españoles asegura haber experimentado molestias digestivas, como dolor de estómago, asociadas al estrés, según el Cigna Healthcare International Health Study. Los expertos de Cigna Healthcare señalan que un desequilibrio intestinal puede influir en el sistema inmunitario, el estado de ánimo, la salud cardiovascular o la regulación hormonal.

La microbiota intestinal, ese ecosistema invisible que habita en el organismo, se ha convertido en uno de los grandes focos de interés en salud por su influencia en funciones tan diversas como la digestión, el sistema inmunitario, el equilibrio hormonal, la salud cardiovascular o incluso el estado de ánimo. Aunque su papel sigue siendo desconocido para gran parte de la población, cada vez más evidencias apuntan a que los hábitos cotidianos pueden alterar su equilibrio y repercutir de forma significativa en el bienestar general.

Formada por más de 100 billones de microorganismos que habitan en el tracto digestivo, entre bacterias, virus, hongos y arqueas, la microbiota intestinal participa activamente en múltiples procesos esenciales para el mantenimiento de la salud. Su funcionamiento, además, está estrechamente vinculado a los hábitos cotidianos, por lo que factores como la alimentación, la falta de descanso, el sedentarismo, los cambios en las rutinas diarias o la presión emocional sostenida pueden alterar su equilibrio y repercutir en el bienestar general. De hecho, el Cigna Healthcare International Health Study señala que el 34% de los españoles declara haber experimentado síntomas como dolores de estómago asociados al estrés, lo cual puede estar vinculado a alteraciones en la microbiota.

Este creciente interés por la microbiota también se refleja en el ámbito científico y clínico. Por ejemplo, la Organización Mundial de Gastroenterología destaca su papel en la salud y en la prevención de enfermedades, a través de mecanismos como la producción de ácidos grasos de cadena corta, fundamentales para el equilibrio intestinal y una adecuada función inmunitaria. En esta misma línea, entidades como la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria y la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria abogan por abordarla desde una perspectiva multidisciplinar y por un uso prudente de los probióticos, evitando recomendaciones sin suficiente evidencia.

Durante años, hemos tendido a abordar el organismo por sistemas independientes, pero cada vez entendemos mejor cómo muchos procesos están profundamente interconectados. La microbiota intestinal es un buen ejemplo de ello, ya que su equilibrio tiene un impacto mucho más allá de la salud digestiva. Cuando hablamos de microbiota intestinal, es natural que pensemos en el sistema gastrointestinal. Sin embargo, debemos tener en cuenta que síntomas como la fatiga persistente, infecciones a repetición, determinados cambios en el estado de ánimo o algunas alteraciones dermatológicas también pueden estar relacionadas con una disbiosis intestinal”, explica la Dra. Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y E-Health Medical Manager de Cigna Healthcare España.

Ante este contexto, los expertos de Cigna Healthcare señalan algunos de los efectos que puede tener para la salud una microbiota intestinal desequilibrada, un estado conocido como disbiosis intestinal:

  • Impacto en el sistema inmune. El desequilibrio de la microbiota puede comprometer la integridad de la barrera intestinal y favorecer un estado de inflamación crónica de bajo grado, lo que mantiene al sistema inmunitario en una activación constante. Esta situación se ha relacionado con una mayor susceptibilidad a infecciones y una desregulación de la respuesta inmunitaria, con un incremento del riesgo de alergias, enfermedades autoinmunes, patologías inflamatorias intestinales como Crohn o colitis ulcerosa y alteraciones metabólicas como diabetes u obesidad.
  • Trastornos del estado de ánimo y alteraciones neurocognitivas. La disbiosis se ha asociado concambios en la regulación del eje intestino-cerebro, con posibles implicaciones en el estado de ánimo y la función cognitiva. Este desajuste puede provocar alteraciones en neurotransmisores implicados en la regulación emocional, como serotonina, dopamina y GABA, que se vinculan a síntomas de ansiedad y depresión. A ello se suma una posible disminución del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína implicada en la plasticidad neuronal, lo que puede afectar a procesos como la atención y la memoria y contribuir a la aparición de la denominada “niebla mental”.
  • Impacto en la salud cardiovascular. La relación entre la microbiota y el sistema cardiovascular se explica a través de mecanismos metabólicos que pueden influir en el riesgo de enfermedad cardiaca. Uno de los más relevantes es la producción de TMAO (óxido de trimetilamina), un metabolito derivado de nutrientes como la colina y la carnitina, cuyos niveles elevados se han asociado con un mayor riesgo de infarto de miocardio y accidente cerebrovascular. Además, cuando este equilibrio se altera puede aumentar la permeabilidad de la barrera intestinal, lo que facilita el paso de sustancias al torrente sanguíneo y favorece la inflamación sistémica y el daño arterial asociado a la aterosclerosis, junto con una menor producción de ácidos grasos de cadena corta y su relación con factores de riesgo como la resistencia a la insulina y la dislipidemia.
  • Alteraciones en la función cutánea. La inflamación asociada a un desequilibrio de la microbiota puede influir en la salud de la piel y debilitar su función de barrera, así como sus mecanismos naturales de reparación. Esto puede manifestarse en forma de mayor sensibilidad cutánea, sequedad e irritación, y hacer que la piel sea más reactiva a factores externos. En algunos casos, este contexto inflamatorio se ha relacionado con una mayor tendencia a la aparición o empeoramiento de alteraciones como acné, rosácea, eccema o psoriasis.
  • Desequilibrios hormonales. La evidencia científica también apunta a una relación entre el equilibrio de la microbiota intestinal y la regulación hormonal. En el caso de los estrógenos, determinadas bacterias intestinales intervienen en su metabolismo y eliminación, por lo que una alteración de este equilibrio puede favorecer su reabsorción y modificar sus niveles en el organismo. Asimismo, los lipopolisacáridos presentes en bacterias gramnegativas pueden influir en procesos endocrinos relevantes tales como la conversión de hormonas tiroideas de T4 a T3, es decir, de la forma inactiva a la activa, con posibles implicaciones en la función tiroidea y en la respuesta al tratamiento en personas con hipotiroidismo.

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