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El cambio al horario de verano provoca en muchas personas alteraciones temporales del sueño, cansancio y menor concentración. Según informa Sanitas, esta adaptación depende en parte del cronotipo, la preferencia biológica que marca cuándo el organismo tiende a activarse o descansar.
Los ritmos circadianos regulan funciones como el sueño o la temperatura corporal, pero no todos los cuerpos se sincronizan igual con los cambios de luz. Los perfiles matutinos suelen ajustarse antes; los vespertinos experimentan más dificultades para conciliar el sueño y madrugar; y los intermedios muestran mayor flexibilidad.
El aumento de horas de luz en verano puede generar un desfase similar al jet lag, con somnolencia diurna o menor rendimiento. Además, la alteración de estos ritmos influye en el estado de ánimo, el apetito y la energía.
Sanitas recomienda exponerse a la luz de la mañana, reducir estímulos antes de dormir, mantener horarios estables, organizar las tareas según los momentos de mayor claridad mental y facilitar el despertar con luz natural o alarmas progresivas. Entender el cronotipo, señalan, ayuda a mejorar el descanso y el bienestar general.