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Alba Villanueva, Dermalab and SPF Clinical Manager en Isdin, responde en NutraSalud a todas tus dudas sobre la protección solar.
En primer lugar, como expertos en la materia, ¿perciben que hay una mayor concienciación de la ciudadanía en materia de protección frente al sol?
Sí, vemos una mayor concienciación, especialmente en lo relativo a la prevención del fotoenvejecimiento y las manchas. Sin embargo, todavía existe una brecha entre conocimiento y hábito real: muchos usuarios olvidan que la radiación UVA y la luz azul están presentes de forma constante durante todo el año —no solo en verano o en días soleados— y pueden causar daño oxidativo y fotoenvejecimiento de forma acumulada. Por ello, sigue siendo clave el papel del profesional sanitario en reforzar la educación y la adherencia.
Sin duda, este campo de la dermocosmética es uno de los que más innovación desarrolla cada año en nuevas texturas, formulaciones y formatos de aplicación. ¿Puede ser el camino para “convencer” a aquellos que todavía no están del todo sensibilizados?
Sin duda. La innovación en sensorialidad y formatos ha sido determinante para mejorar la adherencia. Cuando el fotoprotector se adapta al estilo de vida del usuario —texturas ligeras, fáciles de reaplicar, compatibles con maquillaje o actividad deportiva— aumenta significativamente su uso. En este sentido, la innovación no solo responde a una demanda estética, sino que tiene un impacto directo en la salud pública.
Hablando de texturas, formatos…. ¿Cuáles creen que triunfarán en este 2026 para poderlos prescribir en farmacia?
Veremos una consolidación de las texturas ultraligeras y de rápida absorción, especialmente en formatos fluidos y acuosos. También crecerán los formatos en stick o bruma, que facilitan la reaplicación a lo largo del día, así como productos multifuncionales que combinan fotoprotección con beneficios antioxidantes o antipolución. Además, habrá una mayor demanda de fórmulas adaptadas a zonas específicas como el cuero cabelludo, que es uno de los grandes olvidados en la fotoprotección.
Más allá de los gustos y modas, ¿qué papel juega la evidencia científica en estos desarrollos?
La evidencia científica es la base de cualquier desarrollo en fotoprotección. Más allá de la cosmética, hablamos de productos que deben demostrar eficacia en la protección frente a la radiación solar y seguridad en su uso. Esto implica estudios clínicos, ensayos de eficacia y una comprensión profunda de los mecanismos de daño solar. La innovación debe ir siempre respaldada por datos sólidos que avalen sus beneficios reales.
Por otro lado, existen muchos mitos en torno a la protección. ¿Podría desmontarnos los más importantes?
Uno de los más frecuentes es pensar que el fotoprotector solo es necesario en verano o en días soleados, cuando en realidad la radiación solar está presente todo el año. Otro mito es que un SPF alto permite exponerse al sol sin límite, cuando la reaplicación sigue siendo fundamental. También es habitual creer que las pieles morenas no necesitan protección, cuando todas las pieles pueden sufrir daño solar. Por último, existe la idea de que el maquillaje con SPF sustituye al fotoprotector, cuando normalmente no se aplica en cantidad suficiente para garantizar la protección indicada.
¿Es el farmacéutico el que puede tener este papel de “educar” y desmontar bulos dado su cercanía con el consumidor?
Absolutamente. El farmacéutico, como profesional de la salud, juega un papel clave en la educación sanitaria por su cercanía y confianza. Tiene la oportunidad de detectar necesidades, personalizar recomendaciones y corregir hábitos inadecuados. Su papel es fundamental no solo en la recomendación del producto adecuado, sino también en la transmisión de pautas correctas de uso, lo que impacta directamente en la salud de la piel de la población.